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sábado, 8 de marzo de 2008

...Y la niña quiso plantar un cerezo en el mar

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Era una mañana plateada de agosto. La marea alta empequeñecía
aquella playa de mar juncos, arena y Lucía: Niña pequeña, sandalias
de cuero, vestido blanco y unos grandes ojos de miel, de esos que
saben mirar (y en cuya mirada da la impresión de caber el mundo).


El sol, curioso, filtraba su saludo entre las nubes que mojaban
la cara de Lucía y rozaba tímido el agua para acabar en sus ojos
que, iluminados, retaban al gris que pretendía invadir aquel día.

Lucía abrió la palma de su mano izquierda, en la que llevaba una
temblorosa, desnuda, valiente pepita de cereza. La besó, cerró de
nuevo su mano y con el impulso de una breve carrerilla la lanzó al mar
sin perderla de vista, memorizando el lugar exacto en el que se hundía,
entre el faro y una casita azul.

Se sentó en la arena abrazada a sus piernas, acurrucada; envuelta en
una brisa que le llenaba, en cada suspiro, de los olores del mar y en
el susurro de las olas y las gaviotas que, sin duda, hablaban de ella.

Con la cabeza apoyada sobre sus piernas, cerró los ojos... ...al rato,
Julia su perra, le lamía la cara y olfateaba el cuello despertándola.
Con el ceño fruncido por la luz, Lucía buscaba el punto en el que cayó la
Pepita; la marea había bajado y el aspecto de la playa era distinto pero
vio que, sobre el espejo de charcos que deja el agua al retirarse,
destacaba un árbol chiquitín, le llegaría por la cintura, del que colgaba
un pequeño fruto verde, entre flores blancas...No podía ser, ¿Era su cerezo?

Se acercaba con pasitos cortos, con esa prudencia que da la incredulidad, y
Una vez a su lado, pudo comprobar que el mar le había querido devolver su
cereza.
Un mar que, como ya conocéis, nada sabe de árboles, y que aquella mañana,
Imaginó para Lucía cerezas verdes con pepitas de coral rojo.

3 comentarios:

jimena entre cuadernos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Hache dijo...

¡Qué bonito!

Me quedo con una pepita de coral rojo, para plantar más cerezos.

Bitter dijo...

Hermosa historia, sólo una pequeña princesa puede hacer que el mar le devuelva un cerezo, hum, y yo quiero cerezas verdes, se me ha hecho agua la boca de sólo imaginar el sabor ácido, jeje no puedo evitarlo.

Mas hermoso el tema, tu soundtrack me tiene encandilada