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sábado, 13 de diciembre de 2008

La Columna.

Al lado de la librería de casa hay una columna de roble. Una de esas columnas que tienen algunas casas antiguas, sobre las que se sostiene el edificio.
Siendo tan importante la columna, no quisimos camuflarla con ningún tabique, la dejamos ahí, descarada, en mitad del salón.

Una noche que volvimos a casa tarde, después de una cena con amigos, nos encontramos con que la librería había posado muchas de sus ideas sobre la columna, brillaban agarradas a ella como luciérnagas-musas.

Desde aquel día, esa es la columna de las ideas, todo el que viene por casa puede coger o dejar alguna. 

Candelucha se las come como si fueran sugus, por eso en la parte de abajo hay menos, es una niña muy golosa. Suelo colocarle en la parte inferior las ideas de los libros infantiles como "Manolito gafotas" o "Los cuentos de Perrault" pero de vez en cuando coge alguna idea de "El Principito" y, no sé muy bien por qué, se pasa el resto del día inventando palabras. Sospecho que hay sensaciones que aún no sabe expresar con el vocabulario que conoce y eso lo resuelve creando uno nuevo.

Yo, a menudo, cojo un par de esas "luciérnagas-musas", me las enrosco en las orejas y las llevo conmigo todo el día calentándome la cabeza y sacando parte de su brillo por mis ojos. 

Roque, nuestro gato, echa la siesta siempre al lado de la columna, se la queda mirando fijamente y al rato duerme con una de sus sonrisas felinas, serena y perezosa. Lo que hace es elegir con qué va a soñar y me he fijado que le gustan especialmente las ideas que salieron de los libros de Amelie Nothomb, aunque a veces también escoge ser "El Capitán Alatriste", esos días se levanta de la siesta como el gato con botas.