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jueves, 6 de agosto de 2009

EMMA y la Galerna.






EMMA siempre se preguntaba el por qué de cada cosa. Era una barca curiosa y no se conformaba con las explicaciones teóricas que recibía, ella lo tenía que vivir en primera persona.

Había sido diseñada y concebida para flotar y eso la llevaba por el mundo arrastrando su panza con una sombra que lastraba su luz.

Si, es cierto, había recorrido todos los puertos del Norte, y eso para una barca de su tamaño era una autentica osadía, pero no le valía.

Emma sentía que el mar era mucho más grande por dentro que por fuera y que para conocer el mar realmente tendría que ser capad de sumergirse en él. Por más que se esforzaba, era incapad, hacerlo iba en contra de todas las teorías con las que había sido diseñada... la física iba en su contra y ella maldecía a Arquímedes y todos sus principios por "atarla" a la superficie del medio más profundo de la tierra.

El resto de barcas no entendía su angustia y ella les explicaba: -¿Acaso podéis sentir las propiedades de un barniz tocando solo el bote que lo porta?-.
Ella sabía que el mar era mucho más que lo que le habían enseñado, un mero medio para navegar y llegar de un puerto a otro. Ella sabía que era mucho más de lo que se veía desde la superficie... y no se conformaba. No se dejaba convencer por la inercia cultural y lógica que le decía que su lugar estaba flotando, que había sido creada y pensada para flotar. Emma siempre contesta lo mismo, con sorna y un poso de tristeza. -Si hubieran empezado a crearme por el cerebro habrían hecho de mí submarino-.


Aquel fue un verano de fuertes tormentas. Las barcas vivían atemorizadas, pero EMMA veía en cada golpe de mar un potencial que le hacía brillar de emoción.

Una tarde oyó hablar a los marineros de Galerna y se le pusieron serias las tablas. No era miedo, era esa concentración intensa que se pone cuando ves acercarse a la oportunidad de tu vida y quieres estar seguro de hacerla tuya.

Cuando los hombres amarraban sus barcos en el puerto para evitar perderlos por el temporal, ella se escabullía y trataba de pasar desapercibida. Los hombres corrían con sus chubasqueros amarillos de un lado a otro del puerto con prisas y calados hasta los huesos, no fue difícil evitar que la amarrasen.

El resto de barcas la miraban y no entendían el brillo de felicidad que salía entre cada una de las tablas de las que se componía Emma.

La Galerna no tardó en llegar. Todas las casas del puerto estaban cerradas a cal y canto, hasta la tasca, que no había cerrado jamás. En el puerto no había ni un alma y todas las barcas cerraban los ojos con miedo. Sentían cómo el viento, con sus embestidas racheadas, las golpeaba contra el puerto y entre sí, poco a poco veían que sus panzas se llenaban de lluvia y de vez en cuando abrían un ojo para ver qué había sido de Emma, pero en medio de aquel caos de furia climática no tardaron en despistarla.

La mañana siguiente amaneció con una calma luminosa y fresca, como un regalo de compensación que el cielo ofrecía a la vida del puerto. Los hombres salían silbando de sus casas. Paco el de la tasca, observaba por encima de sus gafas bifocales y con la boca abierta al coro de silbidos acompañado por la percusión de las labores de reparación de los barcos, martillo, sierra, lija y el sonido mecedor de las amarras.

Paco no era un tipo especialmente sensible pero en su recorrido visual por los desastres que la galerna había provocado, no pudo evitar fijarse en una barca que destacaba sobre todas las demás, la única que brillaba.

Estaba irreconocible, cubierta de restos del fondo marino. El agua había creado vida verde entre sus tablas como si hubieran pasado años, su pintura había desaparecido casi por completo y se cubría de algas, algunas tablas estaban desvencijadas y rotas e incluso tenía unos peces nadando en su panza tranquilamente, como si ese fuera su medio natural.

Emma había conseguido mucho más de lo que podía imaginar. En todos los puertos del norte hoy se cuenta su leyenda, porque aquella noche da galerna, no solo había sido capaz de sumergirse en el mar ... ... se había fundido con él.

Pd: Gracias a quien supo llenar de luz a la imagen de EMMA.