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domingo, 6 de diciembre de 2009

Sabores mañanaros


Me gusta preparar café en silencio, muy temprano, desperezando mis sentidos entre el aliento italiano que sale de las entrañas de mi cafeterá. (Nota mental: hay que comprar café, este era el último cacillo).

Me gusta manchar mis pies descalzos sobre el roble que me separa de la vecina del 2º. Cierro los ojos y busco sentir palpitar a la tierra en ese contacto directo de mi piel con el suelo.

Me gusta que mis pies sean unos desarraigados.

Alimentar mis sentidos. La tela de mi viejo pantalón de cuadros azules, la madera tibia, el olor a café, el peso de mi guitarra, la magia sonora de sus cuerdas... plank ... el sonido de enchufarnos al ampli... el rasgueo de un acorde que vibra en mi pecho a través del cuerpo de la guitarra y que llega hasta mis pies desde la estantería que sostiene al Sr Marshall, haciéndole cosquillas al suelo.

Y mi mirada perdida... perdida... perdida en una tablatura que no veo... porque hoy no miro... hoy siento.




No hay nada más acogedormente salvaje que aprender a tocar una canción de Tom Waits, descalzo, un domingo por la mañana, cuando los sentidos reciben al día con toda su atención, vírgenes de sensaciones, curiosos, ábidos... ... ronroneo de vida.