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sábado, 6 de febrero de 2010

¿Qué miras?




Solitario y sin equipaje,
aquel girasol,
cansado de disimular
que no se daba cuenta de que yo lo miraba,
se dirigió a mí desde la cuneta de enfrente:

- ¿Qué miras?

Su voz era grave, fuerte y clara, con un ligero eco de fondo,
parecía más la de un dios que la que uno le podría imaginar a un girasol.
(más como la de Constantino Romero que como la de La Abeja Maya)

Y al otro lado de la carretera,
yo miraba a mi alrededor un poco aturdido y sonrojado.

Avergonzado, trataba de comprobar que nadie veía
cómo, aquel ojáncano flacucho y rubio me observaba fijamente,
cómo seguía con su ojo descarado cada uno de mis movimientos
y yo no sabía donde posar los míos,
metía las manos en los bolsillos, las volvía a sacar, silbaba...

Hoy, uso este blog como tratamiento para superar aquel día.
Como hacen en las terapias de grupo, decidí posar aquí mis angustias y confesarme:

Hola, me llamo Santiago Cobo, tengo 36 años
y una vez me intimidó un pequeño girasol.





3 comentarios:

Hache dijo...

Y qué debemos decir los demás ???

"Te queremos Santiago" bienvenido .., (yo estoy aquí porque de pequeña hablaba con un amigo que vivía dentro de la lavadora.

chanclas dijo...

Hola Santiago, yo soy... Chanclas, un amigo con tu permiso, al que la vida se le ha empeñado en no quitarle ojo mirandole desde cada esquina y hablandole con mil voces diferentes, (incluso con la de la Abeja Maya)

noviembre dijo...

XDDD Hache, tu motivo es genial, y el de Santi también.

Yo todavía no sé cuál es el mío...

Este post es perfecto.