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lunes, 18 de enero de 2010

Mis mundos escondidos.




El mundo está lleno de puertas disfrazadas.

Pasan desapercibidas para la mayoría.

Hay que mirar con calma, palpar con los ojos la densidad de los colores y rascar un poquito con la uña entre los pliegues de la luz para abrirlas. Como esta, que se encuentra camuflada en forma de cartel.

Tras esas puertas hay pequeñas islas.

Unas flotan sobre los deseos pendientes de la gente, esos deseos atragantados que salieron de algún pecho en forma de suspiro, otras sobre los anhelos donde se pierden las miradas cuando parece que atraviesan el mundo y uno no sabe muy bien dónde descarrilan.


Otras islas cuelgan de las ideas brillantes que, a modo de Zeppelin, crecen ahí, mientras esperan que alguien valiente las encuentre.












Nota: A menudo me cuelo a hurtadillas en estos pequeños mundos, allí encuentro mi patria... y mis compatriotas... aquellos que hablen mi idioma... aunque sea en chino.

lunes, 11 de enero de 2010

Carta a mi vida.






Abre mis cajones.


Deja que entren la luz y todos los vientos de la caja de Pandora, 
tu aliento.











Sácame de mis casillas.







Descarrílame






Me asomaré al mundo con calma curiosa.





Acompáñame hasta la cumbre de mi cabeza.
Enséñame a palpar las latitudes de mi potencial, 
y sentir que, desde ese escenario
podré seguir creandote a mi antojo.




Shhh... solos.

pom pom... pom pom... pom pom... poco a poco nuestros latidos se van acompansando. 
Yo juego con el zoom... hasta sentir que estoy entre los engranajes de sus pensamientos y poder adivinar cual será su próximo gesto.


 Me gusta mirar el mundo así... como en cámara lenta... a mi ritmo... a veces la tierra y yo nos ponemos deacuerdo, consigo sincronizarnos... 
...en esos momentos veo la densidad de sus pensamientos, como el calor que distorsiona la visión sobre el asfalto en verano... espesos... casi tangibles... click:




pom pom... pom pom... seguimos latiendo, está cómoda, yo no invado, ya formo parte de "su terreno", casi siento su aliento en mi cara desde la distancia, todo se relentiza. Ya no hay espacio, ni tiempo, ahora veo volar una de sus ideas sobre la nieve... Click:


domingo, 10 de enero de 2010

Paseo dominical. (09-01-2010)



Ventanuco.



Comienza mi día a las 08.30h.

Hoy es sábado, pero me gusta la palabra dominical, he decidido que no me voy a limitar con cosas tan insignificantes, así que mis paseos serán dominicales, independientemente del día de la semana en que los ande.

Subo al desván alumbrado por la luz tiritona de enero que se cuela a través de un desvencijado ventanuco. Mi bici, que chirría con cada pedalada, hoy me espera silenciosa.









Luz propia.








El descansillo de la escalera, primera parada... click... parace que fuera, la claridad se multiplica rebotada en la nieve... vamos a ver.




Esta planta es una valiente, tiene luz propia, me gusta cómo absorve esa especie de luz celestial que entra por la ventana, como si en cualquier momento una nube se fuera a asomar por ahi para regalarla.

Al otro lado.
Siempre me ha gustado la parte del mundo que me contiene a mí, no sé, cosas de niños supongo, aún no estoy seguro de que si me tapo los ojos no se apague el mundo.


Pero ahora sería bien chulo ver a la persona que está haciendo la foto desde el otro lado de esa nube... y que ella me viera a mí. Allí parece haber mucha luz.

Enraizado.
Se estiran hacia el cielo como una bandada infinita de raices desorientadas y se agarran a él, para que la tierra no se caiga al vacío, caramboleando entre las estrellas, como la bola de una máquina de pinball.


Doy un salto para comprobar la firmeza con que nos agarran y continúo mi camino silbando "Estrella errante".



Fuera de lugar.






A este semáforo le falta polución... o a este silencio le sobra un semáforo.


Menos mal que está en verde, si estuviera en rojo me sentiría ridículo, parado ante este artilugio que se parodia a sí mismo ... absolutamente fuera de lugar.









Frío como el hielo.




Las conversaciones que mantienen en este banco, con las madejas de lana sobre sus rodillas, las viejucas del barrio, le dejan el culo frío al más pintao.


Líderes del Ampa que maneja el tráfico de fajas en la villa.



Código de barras.


Como un código de barras sobre el paisaje, las plantas de pimientos escriben la palabra invierno. Un alfabeto cifrado que solo saben leer los viejines que se lían un celta y me observan rascándose tras la boina mientras hago la foto.



Garabatos en el aire.








A menudo miro el mundo como si fuera una pantalla táctil sobre la que yo puedo actuar.


Hoy toqué ese pentagrama vertical de líneas torcidas, sobre el qeu algún "niño dios" compuso su primera obra, disimulada entre hojas de zarza a modo de corcheas... ...








¿Jugamos?


Vías vivas.
Hago equilibrios sobre las vías del tren.
Paralelas al río recorren un cacho del mundo qeu yo conozco... pero siguen ... y siguen... y yo siempre las miro con un pequeño mareo de tentaciones. Me imagino subido en su traqueteo, con la cabeza apoyada en la ventana y la mirada pintando el paisaje según pasa.


Imagino al tren pariéndome en distintas ciudades, en distintas vidas, pero siempre yo.


Las vías del tren me encarrilan, con una mirada curiosa, a opciones de vida que se quedaron en vías muertas, a los caminos que dejé atrás y a los qeu nunca fueron una opción.


Pero estás vías de tren son reales y no son vías muertas. Siempre pasará por ellas algún tren en dirección a algún sueño.


Aparición.


De regreso a casa, la fachada de una hermita sale a mi paso. Estuvo escondida todo el rato, mirándome.








¿Vosotros también véis esa aureola azul que la rodea? Fijáos bien, verla es un privilegio reservado para aquellos que tienen algún don.


¿La véis? Si es así, pensad... ¿Cual es vuestro don?












Estas fotos, son un pequeño resumen de las cosas que pasaron por mi cabeza en el paseo que dí en los alrededores de mi casa el sábado 09 de enero del 2010.

jueves, 7 de enero de 2010

Bailes ancestrales.


(De la serie "Fotos con mi móvil)


El tiempo y los vientos del norte
oradaron su coreografía vital,
infiltrada entre las nubes.


Figura y fondo crean su arte,
sabia, viento, madera y tiempo.


Las bailaoras sabias
peregrinan hasta este rincón,
se sientan en silencio
y aprenden de esas ramas
como enredar
con sus manos el genio.

martes, 5 de enero de 2010

Extraños.

(De la serie "Fotos con mi móvil")



Aún recuerdo cuando yo tampoco las tenía todas conmigo.

Cuando miraba a esos tres tipos de oriente (dónde coño estaría eso ¿Por Burgos?) con una baile de ilusión y desconfianza qeu se alternaban en mis tripas, provocandome una tiritona nerviosa qeu disimulaba en el frío de enero.

Aún recuerdo lo que hay tras esa mirada... con un poco de suerte no se nos olvide nunca a los dos.

Esta noche unos greñudos de barbas entrarán en casa y eso no nos deja muy tranquilos, veremos lo que pasa... igual mañana, el mundo se ve de otro color, y esa lagrimilla que nos estamos conteniendo tenga sus frutos.


domingo, 3 de enero de 2010

Reposo Gandul.




Cuando observo reposar a Gandula , siempre me brilla un poco la mirada.

A menudo revolvemos juntos el mundo, jugamos, experimentamos, cantamos, arrugamos la nariz, gritamos, callamos... ...

... Al cabo de un rato de delirio, de haber desordenado la vida, los dos nos sentamos y observamos cómo todo se vuelve a colocar con ligeras variaciones sobre sus posiciones anteriores.




Vemos cómo se crean estratos a medida qeu las cosas...

(ropa de colores,

pinceles, emociones,
cd's, sabores,

libros, luz, nubes, sentimientos,

hojas de dibujos infantiles pintadas con los dedos,
perspectivas,

tejados, fruta,

motivaciones, caramelos...

...todo)

...vuelven a caer, como copos de nieve, componiendo un nuevo mosaico de vida.

Me gusta observar a Gandula cuando mira por la ventana desde su mecedora... después de ese rato, el mundo es un poco diferente, casi inperceptible para el resto de sus habitantes, pero para nosotros, el cambio es lo suficientemente importante como para seguir jugando, revolviendo, curioseando, experimentando.

Me pierde ver nevar la vida y observar cómo se recomponen los estratos una y otra vez.
A menudo nos tumbamos en el suelo y dejamos qeu nos nieve encima.

Nos gusta encontrar un millón de mundos en este.

Los domingos desayuno dos veces.

Todos los domingos por la mañana le subo la prensa a Verónica, mi vecina del ático.

Rondará los 70, tiene el pelo largo y canoso, rostro dulce y una voz serena y sólida que nos hace ronronear, a su gato Fendetestas y a mí.
Es una mujer luminosa. Lleva siempre sus gafas de ver colgadas del cuello y vestidos de algodón largos, de colores cálidos. Su casa son 4 muebles qeu han buscado su espacio entre montañas de libros y Discos.

Cuando llego a su piso, la puerta está entreabierta, Fendetestas me espera acariciando el marco con su lomo y colándose entre mis pies hasta que lo cojo en brazos. Desde la escalera ya huele a café y buñuelos.

Verónica camina descalza por la casa, sus pies asoman blancuchos bajo un vestido color ambar.

Al oirme entrar se sienta en su mecedora, hace que mira el reloj (nunca lleva, hoy tampoco) y se da golpecitos en la muñeca, como reprochándome un supuesto retraso en nuestra cita.
Paseo mi mirada por la estancia, las paredes empapeladas de libros y viejos discos, una mantita de patchwork tapizando su sofá y dos mecedoras mirando al gran ventanal del salón, por el que se ve una alameda alargada que llega hasta el viejo instituto, donde Verónica enseñó Literatura a todos los chavales que pasaron por sus manos, entre los cuales me incluyo.
Yo era un poco macarrilla en aquella época, solo aprovaba su asignatura, pero nos cogimos un cariño singular que con el tiempo no ha hecho más que crecer.

- Sientate aquí, greñudo. -
Ahora estoy calvo, pero cuando ella me dió clase, yo era muy heavy, Verónica se ríe de vez en cuando de mí y de aquella "época romántica", aún me llama así para recordarme que cambiamos, que crecemos y que somos lo que hemos vivido, pero sobre todo lo que queremos vivir.

Me siento a su lado y los dos nos acunamos en las macedoras. Ella estira las piernas, levanta sus pies y comienza a mover los dedos. Le veo un tatuaje en cada tobillo, nunca me había fijado, son alas de golondrina.

Traigo mi portátil en mi bandolera, quedamos en que hoy le enseñaría unas fotos que hice con mi nuevo objetivo, pero lo poso en el suelo y me dedico a observarla. Siento que hoy es un día para hacer fotos más que para enseñarlas.


Señala a sus pies y me dice:

- A los hombres nos pusieron pies para andar, no raices. -

Nos miramos, ella arquea una ceja y sonríe a la vez que me dice:

- Hoy te voy a enseñar a escuchar Jazz, una música que, gente que vivió con sus pies atados, usó para volar. -



Se lleva tres dedos a la boca, pensativa... ... (yo nunca interrumpo sus silencios, puedo asaltar sus palabras, pero sus silencios... son como escuchar a la mar, callado se percibe mucho mejor)... sube los dos pies a la mecedora y se abraza a sus rodillas mientras sigue pensando. Yo la miro.

Al cabo de un rato se levanta vivaracha, con cara de haber resuelto sus pensamientos, recorre con su mirada las estanterías de discos, tararea bajito un fraseo de contrabajo... pam pim / pam pum / pam pom / pampimpom / / trin tran... y chasquea con sus dedos el ritmo al que su mirada recorre las estanterías hasta que...

- ¡¡¡a haaaaa, aquí estabas!!! "Kind of Blue".

Coge el LP con delicadeza, lo coloca cuidadosamente sobre su vieja gramola, adaptada para leer discos de vinilo, lo sopla para quitar alguna mota de polvo y posa la aguja sobre el primer corte. Se acerca a mi mecedora, la empuja situándome frente al altavoz de la gramola y me tapa los ojos con sus manos; huelen a resina de madera.

Oigo cómo su aliento cálido y dulce transporta hasta mi oido palabras:

-"So What", vamos a recorrer juntos 9 minutos de gloria sonora. Siente cómo gira el disco... shhhh... escucha como la aguja se introduce en el primer corte, como se hunde en sus notas... pero recuerda... el hombre tiene pies, no raices... La gente que hace jazz piensa lo mismo de las melodías, deja qeu la introducción te mezca, deja qeu haga girar tu cabeza, y comienza a sentir cómo las notas toman vida, cómo van surgiendo de esa base rítmica.

Siente el poder de los 6 genios que se juntaron para hacer tangible el pentagrama (Miles Davis/Joulian "cannonball" Adderley/John Coltrane/Bill Evans/Paul Chambers/Jimmy Cobb).
Observa cómo las notas se desenraizan de la base principal, cómo van organizando su caos armónico, siente cómo se puede masticar la esencia, cómo las notas revolotean a tu alrededor, con peso, texturas, colores y movimientos propios, ajenas al girar de la gramola. Siente como las notas se revelan y toman las riendas de su destino...

-Ahora, abre los ojos.



















¿Ves? Santiago, en el jazz, en el buen jazz, las notas cogen su redondez, como cantos rodados y escriben sus propias líneas, viven su propia historia, se desligan de las normas cíclicas y crean en tiempo real, ajenas al sentido en que gira la gramola e incluso la mismísima tierra... Escúchalas, pálpalas, lamelas... ... .

El olor a resina de sus manos se queda para siempre impregnado en mi memoria y ligado al jazz. Toco su cara, le doy las gracias y fotografío el momento mágico que estoy viviendo... Las notas del "So What" en revelión armónica, sobre la mesa de una de mis mejores maestras de vida.

Nota: A Verónica, para que existas algún día.
Gracias por el puñado de canicas qeu me colaste en el bolsillo sin darme cuenta, a nuestra manera, dejando huellas silenciosas. Ya no sé si las notas se hicieron canicas o las canicas notas... ¿Y qué más da?
Gracias maestra, si sales de mi cabeza algún día, que sea para hacerte real.

viernes, 1 de enero de 2010

El baño de los pequeños dioses.






Que tienen el poder

de acercarnos a la gloria,

entre toallas de algodón,

olores de jabones,

de sonrisas y de piel.






(De la serie "Fotos con mi móvil")

lunes, 28 de diciembre de 2009

Aventureros.







No hay andadura más apasionante que la de los descubridores. Esa gente que gasta su vida con la ilusión constante de encontrarse con lo que hay detrás del horizonte.

Existen muchos tipos de personas:

· Las que no miran nunca al horizonte.

· Las que lo ven pero no se preguntan qué hay detrás.

· Las que se fijan en él pero no tienen el valor de intantar asomarse a su abismo.

· Y por último están aquellos a los que, su curiosidad les empuja a cruzar oceanos para mantener vivo el brillo de su mirada.











Bueno, hay un último grupo formado
por aquella gente que sabe encontrar sus horizontes en todas las pequeñas cosas que les rodean.

Se asoman a ellos concentrados, palpan con la piel vuelta del revés y saben vivir sus abismos en un cajón del baño, en la mirada de un desconocido o en una estación de tren.

Aquellos que viven con todos sus sentidos, que palpan la vida con la curiosidad y la ilusión de las primeras veces.




Que nunca
se nos olviden
los sabores
de cuando éramos pequeños.








viernes, 25 de diciembre de 2009

Jiñel peds









Feliz Navidad a todos.

Que a aquellos a los qeu el espíritu navideño se nos quedó enredado entre las pelis como "qué bello es vivir" y que, fuera de ahí, la Navidad nos sienta como los perdigones al tordo, seamos capaces de sonreir ... y desde luego... de reir.

Viva la vida.

Porque mi sonrisa no pierda ni una sola de las llaves, de todos mis momentos.

(Venga va... ni las vuestras)

sábado, 19 de diciembre de 2009

La Piola.

Las paredes desconchadas, un viejo puchero de color granate oscuro, como los que mis abuelas calentaban en la lumbre, posado sobre los azulejos blancos que hay tras la barra, donde la camarera cocina a la vista de todos.
Las mesas de un blanco roto, pulidas por las portadas de todos los periódicos, libros, moleskines, cuadernos... o por las mangas de camisas o incluso la piel de todas las personas que han pasado por allí, acariciando las tablas con sus lecturas, con sus tertulias... con sus miradas.





Esas bombillas que parecen dibujadas, con la espiral retemblando su incandescencia sobre las láminas que, más qeu colgarse de la pared, se asoman a ella, camufladas bajo el color amarillento con el que el humo lo ha atenuado todo.









(De la serie: "Fotos con mi móvil")

Frente a mí, un tipo con gafas de pasta lee un comic sentado en el sofá. La conversación de dos pedantes qeu juegan a sentirse Kafka, se cuelan por la derecha, provocando graciosas interferencias entre mis pensamientos con palabras absurdas, de esas que jugaban solas en el patio del recreo, como "patológicamente" o "sexuado".

Un Zumo de naranja y un café. Mi cuaderno de viajes... de todos los primeros viajes, donde todo se escribe con ilusiones a estrenar.

Una chica con pelo corto, estilo Charlestón, ocupa toda la luz del ventanal, lee su agenda y se lía cigarrillos mirando de reojo el local, como lo hago yo. Parece que pudiéramos sintonizar en nuestro recorrido las distintas emisoras de vida que pululan por el local.



(De la serie: "Fotos con mi móvil")


Mientras mi gorra se despoja de los restos del frío de diciembre sobre la mesa, yo pido un café en la barra... no no no... mejor un carajillo, a ver si se me entonan los adentros.


De regreso a mi mesa, con el carajillo humeando en la mano y la sonrisa de la camarera deshaciendo el azucar, paso junto a una pareja. Aminoro la marcha para escuchar sus susurros de miradas y oler su esencia de tacto, hablan poco, una sonrisa cómplice ilumina su mesa, sobre la que hay una sola taza que ellos dos comparten. Me siento al lado del tipo con gafas de pasta qeu lee un comic y les miro con descaro, ellos no ven lo que les rodea, solo dan sorbitos, soplan y revuelven sin prisas su taza calentita de tiempo.


Me acerco a la barra y le pido a la camarera una taza como esa. Ella abre uno de los pucheros para ver lo que se cuece dentro y mirándome a los ojos me responde:


- Este local solo existe para qeu esos chicos tengan su taza de tiempo, tu estás aquí para contarlo. Solo cuando ellos suelten su taza, el mundo seguirá girando.
Continua tomando notas.





jueves, 17 de diciembre de 2009

iReal?






Aquel niño se sentía extranjero en cualquier suelo.

Miraba al mundo con la impresión de que le faltaba algo. No dejaba de buscar el qué.

Paseaba contemplativo, como en cámara lenta, aparentemente despistado, ntentando entender el mecanismo del mundo. Sentía que, a lo que le rodeaba, le faltaba una dimensión, como si estuviera todo en blanco y negro. Sentía que, lo qeu él tenía en el pecho no podía crecer en el espacio del mundo que él veía.

Una tarde de invierno, vagaba por la calle arrastrando un abrigo y una bufanda inmensos que le habían dado en una de las tiendas de 2ª mano del barrio. Siempre andaba callejeando y ya le tenían cariño por alli.

Se sentó en un banco al lado de un tipo que cantaba "Moondance" con una guitarra, el niño sacó su armónica del bolsillo del abrigo y se unió a él.
Algo sorprendente les dejó a los dos callados...



(De la serie: "Fotos con mi móvil")



El aliento del niño salía por la armónica como un humo a través del cual se veía todo mucho más intenso.
El niño arrugó la mirada, se rascó la nuca, cogió todo el aire que le cupo en sus pequeños pulmones y lo expulsó provocando un pequeño remolino de color que jugueteó con una farola y entre los barrotes de los balcones del edificio de enfrente.
El tipo de la guitarra y el niño se mirando unos segundos. El niño pensaba, el tipo de la guitarra apuntaba mentalmente el nombre del camello que le había vendido la maría que se estaba fumando.
- Vuelve a tocar. Dijo el niño.
Se quitó el abrigo, se soltó la camisa y se abrió el pecho. No lo pensó, lo hizo como algo que podría hacer cualquiera. De él salieron 7 bichillos de colorines que comenzaron a revolotear llenándolo todo de color.

Aquella tarde el niño aprendió a palpar el mundo desde su interior, aprendió a poner toda su alma en sentir. Comprendió que para sacarle sabor al mundo, a veces hay que darse la vuelta a la piel y dejar salir el color/calor que llevamos dentro.


(De la serie "fotos con mi móvil")



Nota: El mundo es nuestro, es lo que nosotros hagamos con él.




sábado, 12 de diciembre de 2009

Tic ... Tac

Quiero saborear el tiempo. Palpar su esencia con mis sentidos.


Pescar escuchando las historias que el rio me cuenta.


Recrearme en los puntos suspensivos que separan a cada tic ... de su tac, pasear en bici con ellos, jugar a las canicas y hacer carambolas, invitarles a un vino, usarlos de cebo en la caña con la que pesco vida... ... ...

Quiero que, cada uno de mis suspiros, deje en mis adentros alguna de las piezas del engranaje del tiempo, hasta formar dentro de mí el mecanismo completo qeu me permita fabricarlo a mi antojo.

No se trata de vivir muchos años, no. Se trata de llegar a sentir qeu fabricamos nuestro propio tiempo.

Quiero que mis ideas se gesten con la calma y la solidez de saber que su padre aprendió a tumbar los relojes de arena solo para crearles su propio espacio.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Pura Vida.







No olvides nunca que tienes el poder de crear, de darle color al mundo, de hacerlo tuyo.

Asómate a la vida desde esa certeza, solo así tendrás la capacidad de hacer que todo a tu paso desee ser más hermoso... para tí.

(No pierdas mucho tiempo en averiguar si las cosas son hermosas o si tu las miras hermosas, solo aprecia el resultado y siente tu poder)






Foto del Niño: De la serie "Fotos con mi móvil".

Alas.



Me llamó la atención la delicadeza con la que agarraba su monopatín, como si no pesara. Como si fuera una extensión de su cuerpo.
Me quedé observando el arco que formaba con su brazo hasta llegar al suelo, y pensé que cumplía hermoso un canon aún no definido, en el que nadie se fijaría jamás, así qeu decidí grabar el momento. clik.

El humo de un puro distorsionó mis pensamientos durante un segundo y un tipo con cara de aburrido se sentó a mi lado.

- Manda cojones, los putos críos. ¿No tendrán nada mejor que hacer?. Dijo el tipo aburrido sin, nisiquiera, mirarme a los ojos.

Aquella incursión en mis pensamientos me descolocó, impuso a mi lado una realidad que yo sentía antagóncia a lo que veía y sentía en aquel momento.

Llamé a los chavales y les pedí permiso para hacer unas fotos. Se pusieron hasta nerviosos de la ilusión que les hizo y comenzaron a desplegar sus habilidades. Me adelantaban lo que iban a hacer en cada momento para que yo me colocara e incluso me daban alguna idea. Había un chico más callado de voz, pero muy expresivo. Me situé al lado del tipo del puro para que me oyera y le pedí a aquel chico, el más callado de los tres, que me explicara lo que sentía. El tipo del puro se echó a reir, despreciando lo qeu para él era una pérdida de tiempo.

Debía estar pensando algo así:

- ¿Intentar entender lo qeu sienten los chicos en lugar de explicarles lo que deben de sentir? Este tipo de la cámara es más tonto aún que los chavales.



El chaval se llamaba Murillo, nunca le habían preguntado lo que sentía. La cuestión le desconcertó y me contestó de la mejor manera que se podía:




Cruzó la pista pensativo hasta el otro extremo, bajó por la rampa, cogió impulso y dió un salto de vértigo con su tabla, hasta agarrar con sus manos, durante un instante, en el que relentizó el tiempo, los extremos del campo de visión de mi cámara. clik


Al tocar con los pies en el suelo, dirigió su mirada a mí, encogió los hombros, tomó su patín del suelo y continuó silencioso dislizando su adrenalina y su arte sobre aquella pista de asfalto sembrada de graffitis.


Yo miré al tipo del puro y le dije:


- Mire, por muchos años que viva, por muy larga que se la haga su aburrida vida, usted no experimintará algo así de intenso jamás.
Ese chico sabe encontrar su propia gloria en una tabla sobre 4 ruedas. Haga una regla de tres y piense el potencial que tiene para él el mundo...


...Siempre y cuando no deje qeu alguien como usted le haga sentir un inútil.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Palabras.

Hay palabras tan evocadoras como los olores. Hoy me desperté con dos de ellas entre las papilas gustativas de mi imaginación:












Tranvía: Quiero conocer mil ciudades al azar de sus tranvías.


Sin planos, ni oficinas de turismo, sin wikipedia, ni guias de viajes... al azar de los tranvías.







Tinglado: Soy un tipo huraño, callado y algo contradictorio.


No me gustan nada las navidades pero, sin embargo, me pierden las películas de navidad en blanco y negro, esas en las que dos estrellas hablan entre sí y son la voz en off que narra la historia, o aquellas en las que un ángel debía recuperar sus alas.

Detesto el bullicio y las aglomeraciones, pero me recreo como un niño contemplando los tinglados desde mi silencio anónimo.

Observar al señor del mercadillo qeu vende "bragas a estrenar" o al frutero que torea con las señoras para que no le toquen el género. Perderme entre el tinglado de las redes del puerto.


Mirar a las gentes desenvolverse en un medio qeu a mi me resulta ajeno. Tratar de conocerles a través de su posición en esa especie de hormiguero que, para mí, es un jeroglífico, en el que cada uno desempeña su papel en una coreografía vital.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sabores mañanaros


Me gusta preparar café en silencio, muy temprano, desperezando mis sentidos entre el aliento italiano que sale de las entrañas de mi cafeterá. (Nota mental: hay que comprar café, este era el último cacillo).

Me gusta manchar mis pies descalzos sobre el roble que me separa de la vecina del 2º. Cierro los ojos y busco sentir palpitar a la tierra en ese contacto directo de mi piel con el suelo.

Me gusta que mis pies sean unos desarraigados.

Alimentar mis sentidos. La tela de mi viejo pantalón de cuadros azules, la madera tibia, el olor a café, el peso de mi guitarra, la magia sonora de sus cuerdas... plank ... el sonido de enchufarnos al ampli... el rasgueo de un acorde que vibra en mi pecho a través del cuerpo de la guitarra y que llega hasta mis pies desde la estantería que sostiene al Sr Marshall, haciéndole cosquillas al suelo.

Y mi mirada perdida... perdida... perdida en una tablatura que no veo... porque hoy no miro... hoy siento.




No hay nada más acogedormente salvaje que aprender a tocar una canción de Tom Waits, descalzo, un domingo por la mañana, cuando los sentidos reciben al día con toda su atención, vírgenes de sensaciones, curiosos, ábidos... ... ronroneo de vida.