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viernes, 20 de febrero de 2009

Puestas de sol (La rúbrica de Ariel)





La vida es una rúbrica. Caminamos, caramboleamos, nos rozamos, creamos, lloramos, crecemos, follamos, compartimos, abrazomos, reímos, saltamos, pisamos charcos, cantamos, algunos/as incluso bailan,  ... y así vamos gastando nuestra tinta vital.

Me gusta mucho observar a la gente que rubrica su arte allí por donde pasa. Admiro a esas personas cuya forma de vida es arte y de forma inconsciente su sola presencia genera arte.

De todo esa gente, se me llevan de calle aquellos que ven salir el Sol por la segunda raya del pentagrama. 



domingo, 15 de febrero de 2009

Pequeño caos armónico.








Es curioso, a veces la armonía depende de que alguien, uno de esos pequeños dioses, motores del mundo, ordene ciertas notas y evite la disonancia.

Algunas de esas notas están camufladas en la partitura y solo ellos las perciben.

Cogen el lápiz de su oreja, las marcan, las recolocan entre las líneas adecuadas y así mantienen el caos armónico necesario para que los carruseles sigan dando vueltas.

martes, 10 de febrero de 2009

Budget dead - Creatividad Viva



De esos proyectos en los que me hubiera gustado participar. Poca pasta, muchas ganas, creatividad y musho arte.

sábado, 7 de febrero de 2009

Nothing Hill y la chica mutante



Cuando llevas un rato en Nothing Hill te adaptas a la sensación de que puedes encontrarte cualquier cosa. 

A pesar de eso,  estando inmersos en el proceso de adaptación de nuestra capacidad de sorpresa, siguen tropezándosenos cosas increíbles, como esta chica que  está mutando en su gorro de lana.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Cariño subterráneo.

Desde pequeñín me he sentido cercano a algunas personas de una manera que ellas nunca lo han llegado a saber. Si pienso en ello, rápidamente me vienen a la cabeza algunos nombres.

Mi maestro Don Ramón al que, en 4º de EGB, escuchaba desde mi pupitre con una admiración que llegó a angustiarme. Solo la idea de poder decepcionarle si hacía algo mal me anudaba las entrañas.
Pepín, el hombre que me enseñó a tocar el requinto de clarinete (pito). Recuerdo cómo me miraba por encima de sus gafas bifocales con un brillo en los ojos que dudo haber sido capaz de corresponder. Ese hombre respiraba música en vez de aire. No sé si fui capaz de coger un poquito de su arte y hacerlo mío, pero cada vez que me emociono escuchando una canción, me siento muy agradecido del tiempo que nos dedicó y la pasión con que lo hizo.
MI primer gran amor y profesora de "parvulitos" Mari Luz. Mi padre me contó hace poco que yo robaba en casa los yogures que hacía mi madre y se los daba, como la mayor muestra de amor de la que es capaz un niño. Recuerdo mi primer día de clase y la fecha en la pizarra con su perfecta caligrafía ...Septiembre de 1979.
Marisa era una chica guapa y dulce, además de buena estudiante. Iba un curso por delante de mí en la EGB y me trataba bien. Aún recuerdo cómo se me vino el mundo encima cuando la ví fumar a escondidas en el patio del colegio. Si me hubiese encontrado a los reyes magos esnifando cocaína con unas putas, no me habría llevado tanta impresión.
Chus el de Logio también forma parte de mis recuerdos de entonces. Tiene la tripa más grande del mundo. Una tripa repleta de historias. Las cuenta como autobiográficas, pero harían falta 10 vidas para poderlas hacer suyas, claro, 10 vidas con tripas normales, no como la de Chus.
De pequeño le escuchaba con una sonrisilla lateral constante, planteándome siempre la veracidad de lo que contaba, aunque me importaba realmente un comino. El otro día me sorprendí con esa misma sonrisa cuando nos contaba un viaje a Rusia. Le miraba, concentrado en su ritmo y sus tics, a los que no tardé en encontrar una explicación: su cerebro estaba siempre inventando por dónde continuaba su ralato 15 o 20 palabras por delante de su boca y claro, su cara se hacía un lío tremendo entre lo que soltaba por el buche y lo que pensaba su cabeza, mientras aportando datos, descripciones y personajes que dieran credibilidad a sus historias.



La vida está llena de gente a la que nos gustaría llegar de otra manera, a veces lo sabemos hacer y otras se nos quedan en los adentros.

Sentimientos de cariño, admiración, simpatía, enamoramiento infantil o respeto, que se me quedan por dentro y no tengo bien calibrado hasta dónde llegan, pero que iluminan mis oscuridades subterráneas pululando como luciérnagas.

Nota: A mi cita de las ocho y cuarto. Todo el cariño que sale afuera antes estuvo dentro.

domingo, 1 de febrero de 2009

Marcas de Vida.



Discover Billie Holiday!




Hoy he madrugado, me gusta disfrutar de esas primeras horas de silencio matinal los fines de semana. Con el cuerpo entumecido por el sueño me acerqué hasta la cocina y mientras el microondas daba vueltas a mi taza de cola-cao me lavé los dientes arrugando la nariz y haciendo muecas frente al espejo.  


Descalzo, cogí la taza caliente y me dirigí al salón, agarré a Mac y me senté a lo indio en el sofá. Instintivamente alargué la mano hacia la mesita que tengo a la derecha, vi ese círculo que deja ahí la condensación de mi taza y pensé en lo que representa para mí. Esa huella representa todas las mañanas que he madrugado, cada una de las veces que he visto caer sobre esa mesita la primera luz de la mañana, plomiza en invierno, viva y cálida en verano, mientras yo escribía, veía fotos, leía, escuchaba música... . A esas horas siempre me acompaña algún difunto (Lester Young, Charli Parker, Billie Holliday, Ella...). 
Esa marca representa todos los ratos de soledad que pasé en ese rincón, de los que salieron palabras, ideas, imágenes, sensaciones, luz...


Me resultan fríos los espacios sin rastros de vida. La pulcritud, el orden excesivo, la simetría perfecta me hacen sentir incómodo, fuera de lugar.


Esas huellas son pequeñas pistas que vamos dejando a lo largo de nuestra vida. Intentar borrarlas o evitarlas sería, de alguna menara, camuflar nuestro paso por el mundo.


También me gustan las huellas que otras personas dejan en mi medio.Me recreo especialmente en esos libros llenos de los restos de quien, antes que yo, pasó por sus letras... sus marcas  (notas, subrayados, páginas marcadas, separadores...). Me ocurría algo parecido cuando recibía una carta de mi novia, primero buscaba los "te quiero" y después leía el resto. Ahora busco primero los rastros. Los olfateo, como los perros que en los dibujos animados siguen las líneas de olores planeando con sus orejas y luego leo el libro con una visión híbrida, aportada por el escritor,  los otros lectores y la mía propia. 



Sé que hay otras huellas que no son tangibles, o al menos no tan directas, las que dejamos sobre las personas. Marcas de cariño, ilusión, decepción, memoria, admiración, provocación, dolor y que podemos intuir en el rostro, en la mirada, en las reacciones de la gente, esas las llevamos por dentro y su lectura es menos evidente, pero están ahí. El lenguaje corporal está lleno de esas huellas de vida. El tono de voz, la forma de mirar o dar la mano, la manera de caminar, el modo de observar al grupo, las pautas de respuesta ante situaciones complicadas. Todo eso ayuda a intuir cómo es la vida de una persona, lo que ha pasado, cómo se enfrenta a ello y casi casi lo que podemos esperar de esa ella.
Las heridas de la infancia son otros de las rastros que me gusta observar. Casi todos tenemos un punto o dos en la barbilla porque rodamos las escaleras de pequeños, por no hablar de los sietes de las rodillas o los codos, eso también nos ayuda a hacer lecturas. Yo creo que a una infancia sin "heridas de guerra" le falta algo importante.
Hoy solo quería hablar del rastro físico que dejamos por los espacios que ocupamos, incluido nuestro propio cuerpo y la información que a través de esos restos de vida recibimos. 

En esta mañana plomiza y húmeda, mientras Billie Holliday me susurraba "Autumn in New York",  rebusco entre mis archivos de fotos y  al observar esta imagen de mi armónica y ver sobre ella mis huellas dactilares pienso que estas le dan vida a la foto y a mis recuerdos, la hacen real, útil, cercana. Le dan la vida de las cosas que se usan frente a la frialdad pulcra de los escaparates en los que hay cosas que nunca nadie utilizó.





miércoles, 21 de enero de 2009

Mooooola.


Discover Yael Naim!




(Angelo)
Me gusta andar descalzo
me gustan los coloretes de la lujuria esos que nacen en las entrañas y delatan...
me gusta el rock duro
me gusta arrugar la nariz como un lobezno y poner cara de malo
me gusta compartir risas
me gustan los jardines silvestres... abandonados
me gustan las preguntas de los niños
me gusta el blues y el jazz
me gusta el desenfreno de los años 30
me gusta la creatividad que surge en las crisis
me pierden los acentos, pero no todos, me gusta el andalú el gallego el argentino...
me gustan las chicas con tirantes
me gusta la ropa vieja... esa que ya huele a tí y se acomoda a tu piel
me gusta observar a la gente en las grandes plazas sin que se de cuenta
me gustan los tejados y las historias qeu imagino bajo ellos
me gustan las chimeneas
me gusta tocar la cara de mis amigos
me gusta el chocolate
me gustan las manos calientes secas
me gusta el sonido del clarinete de benny goodman
me gusta que mi amigo Luis me cuente las aventuras de sus burros, tiene tres (Angelo, Pelusa y Penca)
Me gusta regalar y emocionar
me gusta provocar
me gusta motivar
me gustan los ojos grandes en caras pequeñas
me gustan mis camisetas (haré una entrada solo con ellas)
me gusta el vino bien acompañado, sin relojes con una voz serena en frente y Lester Young en el gramófono
me gustan los delirios artísticos... esa gente que vive con arte... qeu su vida es arte
me gusta la gente que se busca la vida como sea, por ejemplo organizando una rifa en el tren
me gustan los músicos callejeros, pero no el típico feo cabrón qeu sopla una flauta sin tener ni idea
me gustan las chicas persusionistas
me gusta el sonido del violoncello
me gusta cazar con mi cámara... a veces cazo antes y a veces después de haber hecho la foto.
me gusta bañarme en el río... jo me pongo tan nervioso que a veces me tiro al agua sin quitarme los calzoncillos...
me gustan los cambios elegidos por mí
me gusta muuuucho bucear
me gusta regalar canciones
me gusta ir a mi bola

lunes, 19 de enero de 2009

Mi útero de cristal volando sobre el Thamesis



¿A que se está bien aquí arriba? Hace calorcito dentro del huevo transparente que nos agarra a la noria, pero fuera hay -2 ºC. 

Suena Tom Waits y tu apoyas la cabeza sobre el cristal, lanzando tu mirada suicida al vacío.

Yo me siento sobre el banco 
de madera que hay en el centro con las piernas cruzadas como los indios. Te miro nadando dentro de este útero mecánico de cristal a muchos metros de altura sobre el thamesis y pienso que el mundo es mío. Apoyo tranquilo mis codos sobre la madera y disfruto del momento sin más, no necesito hablar, ni pensar. 

Un millón de luciérnagas , desde el suelo de Londres, brillan y nos regalan un millón de ideas... con toda seguridad se nos quedará corta la vida... pero sin ninguna duda merecerá la pena vivirla.

click... mi cámara graba esta imagen para siempre y mi memoria la rodea de sensaciones cada vez que la miro.

domingo, 11 de enero de 2009

Donde yo vivo...



En donde yo vivo, si decides madrugar una mañana de invierno, como por ejemplo hoy, y lanzas tu mirada hacia el norte, se ve eso:




Y si decides girar 180º y miras al sur desde el mismo sitio, verás esto otro:






Cuando desde la arena de la playa veo las montañas nevadas, a las que hace brillar el mismo sol que ilumina el faro del norte, me siento pequeñín y mis problemas menguan conmigo al aspirar un aire que, mezcla de salitre y nieve, me bautiza por dentro y sustituye mis sombras por luz.

martes, 6 de enero de 2009

Un penique por sus pensamientos.



Apoyado sobre la barandilla del puente. Después de observar un rato a estas dos gaviotas, me picó la curiosidad y les ofrecí un penique por sus pensamientos.

Una de ellas giró su cabeza hacia mí, me miró de arriba a abajo y me dijo:

    - Déjalo chaval, no lo entenderías-.

Cuando ya me iba con las orejas gachas y rumiando el fracaso de mi curiosidad la misma gaviota se dirigió a mí:

    - Sh Sh!!! No le vuelvas a poner tan bajo precio al pensamiento de una gaviota.

Y no me preguntéis cómo, pero su pico flexó formando una sonrisa retorcida en su rostro que no olvidaré jamás mientras volvía su mirada hacia el atardecer por el que 4 rayos de sol calentaban su plumaje...

viernes, 26 de diciembre de 2008

Contar hasta cien.

El día 25 comí en casa de mis padres. Mi hermano y yo hemos convivido básicamente en la infancia, los últimos años nuestras vidas se han desarrollado en ciudades distintas y nos vemos bastante poco.

Cuando nos encontramos con un ser querido al que no vemos a menudo, como es el caso, siempre tendemos a buscar puntos en común, filones de conversación que nos saquen del bucle -Qué tal estás? Bien- -Y tu? Qué tal? muy bien gracias... y tu?... etc... . 
Este año decidimos dar un paseo por nuestra infancia, ese gran filón, y subimos dando un mini-paseo hasta la casa de Adriano y Pilar. 

Nuestra barrio está exactamente igual que cuando éramos pequeños pero más silvestre, abandonado, ya no viven las mismas personas. Es lo que tiene crecer, que no lo hacemos solos, sino que todo el mundo sigue girando y cambiando a la vez que nosotros.
Al llegar allí, me vinieron a la cabeza recuerdos, imágenes, sensaciones a la vez que hablaba con mi hermano, me quedé mirando esa escalera. 

Ahí conté hasta cien por primera vez en mi vida. Nos criamos en un pueblo en el que campábamos a nuestras anchas, los vecinos protegían y ayudaban, nunca eran una amenaza, y me recuerdo a mi mismo con 5 años subiendo hasta esa casa, gritar ¡¡Pilaaaaaaar!! y que aquella mujer cariñosa y graciosa saliera y se sentara allí conmigo. Subía hasta ese rincón con mis tesoros, un gato, un perro, un grillo, algún juguete con el que estuviera ilusionado y me sentaba con ella en las escaleras. No sé de qué hablaríamos, pero recuerdo que teníamos confianza y ella me provocaba.

Esta foto es de aquella época justo al lado de las escaleras:

No deja de ser curioso lo que el tiempo hace con algunas cosas. Tenía abandonada esta imagen que, en una época de mi vida, formaba parte de mi rutina y que está tan solo a 50 metros de la casa de mis padres. Subí con prudencia, como si estuviera invadiendo un espacio ajeno. 

Me habría encantado tropezar con Pilar y sentarme allí con ella. Le habría enseñado las fotos que estaba haciendo y por qué estaba allí, y ella me habría contado  aquella vez que subí con un gatín y me meó entero, se habría reído al recordar como la miraba sin saber qué hacer, sin soltar al gato que se estaba aliviando sobre mi camisa de cuadros... . O no, quizás mi prudencia, el miedo a invadir que me imprimió el paso del tiempo, me habría impedido disfrutar de eso y le habría saludado con la mano sin más... 


Al volver a casa me encontré con esta otra estampa de mi pasado. A esa casa íbamos a por la leche, Diossss, había un perro grande como un león que se llamaba Jay y que me tenía acojonao, pero esa historia la dejaremos para el año que viene...

jueves, 18 de diciembre de 2008

Amigos.

Nota: Pulsar sobre la foto para verla más grande.

Roque vela los sueños de Candelucha. Concentrado, alerta todos sus sentidos felinos.

Cuando la niña abre el ojillo, Roque se relaja tanto que hasta se pone borroso.

Candelucha agradece a Roque sus desvelos ... Ellos se entienden.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Los buenos tiempos

Tengo muy buen recuerdo de mi infancia. Siempre que pienso en eso, lo veo como un éxito de mi familia. 


Crecer supone "desmitificar" a los personajes que en nuestra infancia fueron intocables. 

Inevitablemente maduramos viendo los defectos de nuestros padres, observando roces entre adultos que, de pequeños, no podíamos ni imaginar, conociendo una parte del lado oscuro de nuestros seres queridos, sus miedos y algunas de sus miserias.

Esto supone que se pierden unas cosas y se ganan otras, que la burbuja perfecta en la que se protegía nuestra infancia no era real y poco a poco se posa una losa de responsabilidad sobre nuestras espaldas que llamamos madurar, es como darse cuenta de que dios no existe y en cierto modo te sientes un poco solo. Al mismo tiempo la vida se nos va llenando por otros lados y vamos compensando el equilibrio necesario para sentirnos bien.

Pero cuando, después de ese "trance" que supone madurar, miro hacia atrás y siento cariño y agradecimiento hacia las personas de las que se compuso mi niñez, independientemente de donde las haya situado el paso del tiempo, creo que es éxito suyo el que yo recuerde aquella época como "los buenos tiempos". 

Ese es uno de mis tesoros, algo con el peso suficiente como para que quiera abrazarles, compartir con ellos estas letras  y rascándome la nuca con una sonrisa torpe y tímida se me escape un: "Os quiero" y me alegro mucho de que sigáis formando parte de mi vida. 

A ver cuando organizamos una cenuca.

domingo, 14 de diciembre de 2008

En la luna.


Discover R.E.M.!





Pasé mi adolescencia ahí subido...

... luego me di cuenta de que tenía que bajar a ratos...






Nota: Pero solo a ratos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

La Columna.

Al lado de la librería de casa hay una columna de roble. Una de esas columnas que tienen algunas casas antiguas, sobre las que se sostiene el edificio.
Siendo tan importante la columna, no quisimos camuflarla con ningún tabique, la dejamos ahí, descarada, en mitad del salón.

Una noche que volvimos a casa tarde, después de una cena con amigos, nos encontramos con que la librería había posado muchas de sus ideas sobre la columna, brillaban agarradas a ella como luciérnagas-musas.

Desde aquel día, esa es la columna de las ideas, todo el que viene por casa puede coger o dejar alguna. 

Candelucha se las come como si fueran sugus, por eso en la parte de abajo hay menos, es una niña muy golosa. Suelo colocarle en la parte inferior las ideas de los libros infantiles como "Manolito gafotas" o "Los cuentos de Perrault" pero de vez en cuando coge alguna idea de "El Principito" y, no sé muy bien por qué, se pasa el resto del día inventando palabras. Sospecho que hay sensaciones que aún no sabe expresar con el vocabulario que conoce y eso lo resuelve creando uno nuevo.

Yo, a menudo, cojo un par de esas "luciérnagas-musas", me las enrosco en las orejas y las llevo conmigo todo el día calentándome la cabeza y sacando parte de su brillo por mis ojos. 

Roque, nuestro gato, echa la siesta siempre al lado de la columna, se la queda mirando fijamente y al rato duerme con una de sus sonrisas felinas, serena y perezosa. Lo que hace es elegir con qué va a soñar y me he fijado que le gustan especialmente las ideas que salieron de los libros de Amelie Nothomb, aunque a veces también escoge ser "El Capitán Alatriste", esos días se levanta de la siesta como el gato con botas.

7 gotas



Las gotas se agarraron a la rama más viva del otoño, miraron al cielo y lo colaron dentro de sí...  

viernes, 12 de diciembre de 2008

Demente amanecer.

Los dos amigos se quedaron mirando al desierto blanco. Respiraban fuerte tratando de recuperar el aire, perdidos en algún lugar entre el horizonte y sus propias miradas.
 
Reposados sobre el suelo caliente de arena, sus miradas, en un deslumbramiento sereno, observaban el baile de sombras sobre el desierto blanco y un sol pequeñín salía para ellos, brotaba como una flor.
 
Uno de los dos preguntó ¿Cómo es posible que haya esas sombras en el desierto si el sol está saliento por detrás de ellas?
 
El otro, que tenía respuesta para todo, porque lo que no sabía lo imaginaba, respondió mirándole con seguridad:
 
-Amigo, eso va a ser que la luz somos nosotros.
 
Y los dos siguieron mirando el baile de sombras sobre el desierto blanco y su incomprensible amanecer, en un mundo donde nada necesitaba explicarse, donde la belleza brotaba ajena a las leyes naturales.
 

Cogiendo olas.



Llamé a un amigo, le pedí su tabla de surf y caminé con decisión hasta la ola de nubes que saltaban la montaña.

Convencido de que si hubiera algún limite estaría en mi cabeza...  

...ese día lo iba a comprobar.

jueves, 30 de octubre de 2008

Daño Colateral



 -Les habla el capitán Shuterland, responsable de la tripulación de este Boeing 747. Volamos a 35000 pies de altura y la temperatura exterior es de  -50 ºC. Estimamos llegar a nuestro destino en 90 minutos, allí nos encontraremos con un día soleado y una temperatura de 38 ºC.

Les deseo un feliz viaje y no olviden que nuestra tripulación está a su disposición para atender cualquier duda o necesidad.-

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“El jefe”, así prefiere que le llame la gente que compone su equipo de confianza. Ese trato facilita un ambiente de camaradería, pero sin que nadie olvide quien tiene la última palabra. Su familia gastó mucho dinero en una formación que él sintetiza en conclusiones simples de ese tipo, que con el tiempo ha automatizado de forma inconsciente.

Está sentado en la parte trasera del avión, solo. Le gusta ver sin ser visto y esa posición se lo permite.

Se recrea dibujando círculos con un vaso de Whisky en la mesita de roble  que tiene a su derecha. Provoca que los hielos golpeen suavemente el vaso y ese sonido le hace presente en el resto del avión, impregnando de cierta tensión el ambiente. Su gente está siempre alerta, deben predecir sus intenciones aún estando de espaldas a él.

Su azafata personal se le acerca con una sonrisa de protocolo:

Buenas tardes Sr. Presidente ¿Puedo ofrecerle algo?-

-       Si por favor, tráigame uno de mis puros y avise a mi equipo, nos reuniremos en 20 minutos.-

La azafata se aleja hacia la cabina y “el jefe” posa sobre su culo una mirada en la que se lee como un libro abierto:

-Joder, qué buena está esta tía, siempre me mira sonriendo, lo mismo me la quiere chupar la hija de puta… … vaya culito-.

 

Desde que tiene mujeres en su equipo de asesores, ha aprendido a no exteriorizar esos pensamientos, en el fondo echa de menos los viejos tiempos en que esas fanfarronerías iban seguidas de risotadas y codazos.

 

La chica le trae un puro al “jefe” y este, mientras lo calienta con su mechero, sin mirarla a la cara, pregunta:

-       Disculpe señorita, ¿Cómo se llama?-

-       Mi nombre es Norah, señor-

- Ok Norma- responde el presidente observándola de arriba abajo con descaro, a la vez que hace una “O” con el humo del puro.

De nuevo su mirada le traiciona y este narrador oculto, que toma notas desde uno de los reposa maletas, lee claramente estos pensamientos:

-Coño, es verdad, si lo lleva escrito en la chaqueta. Joooder... con esas tetas habría que ser maricón para ver la chapita de los cojones-

 

Le gusta esa sensación de poder que da el hecho de ilusionar a alguien solo con llamarle por su nombre. Él da por supuesto que todo el mundo le conoce y la falta de interés, hace que, habitualmente, confunda los nombres de los demás. La gente se rumia el error del “jefe” y acaba acostumbrándose a responder por un nombre que no es el suyo.

En un intento fallido de hacerle una gracia a la chica, le dice:

-¡Mire Norma!! Si es marca de la casa-  Señalando la vitola del puro, que lleva una inscripción personalizada.

Norah, saca de nuevo su sonrisa profesional, que el presidente ya no sabe distinguir de las reales y le deja fantaseando con su verborrea de seductor poderoso.

 

 

-¡Atención! Les habla el capitán, estamos experimentando problemas para controlar el avión. En breve sufriremos fuertes turbulencias. Vamos a llevar a cabo el protocolo de máxima seguridad. Repito, PROTOCOLO DE MÁXIMA SEGURIDAD.-

El presidente mira atónito al resto de su equipo, que ejecuta de forma rigurosa los movimientos para los que han sido entrenados.

¡¡¡Foooommmm…!!!! El avión desciendo de repente y el whisky bautiza y despeja el pánico que tiene paralizado al presidente. La aeronave hace un ruido ensordecedor. Dos hombres corpulentos se acercan a él, lo levantan en volandas y lo llevan a la cápsula de seguridad, diseñada para expulsar a una persona del avión en pleno vuelo si fuera necesario.

 

Al cerrarse al vacío,  el silencio interior de la cápsula acentúa su respiración, mira alrededor y se da cuenta de que aún tiene el puro en la mano, lo apaga corriendo para no malgastar el oxigeno y lo guarda en el bolsillo de su chaqueta.

-joder, joder, joder, joder… mierda-

Los oídos se le taponan, el sonido de la respiración se amplifica, y cada una de sus palabras hace eco en el interior de su cabeza.

De repente se apagan todas las luces salvo una tenue de color rojo. La cápsula pendula y el presidente se golpea con las paredes, haciéndose una herida en la ceja, poco profunda pero aparatosa.

Después de un rato de pánico y descontrol, un golpe seco tumba al “jefe” en el suelo. Automáticamente la puerta se abre.

Una bocanada de luz y calor golpea el interior de la cápsula y el cuerpo del presidente, que tiene perdida la noción del tiempo y el espacio. No sabe donde está, la claridad del exterior le ciega por unos momentos y sale a la calle con la mano en la frente para protegerse de la luz.

Oye rumores infantiles en un idioma que le resulta familiar, pero que es incapaz de entender y a medida que va adaptando sus pupilas a la claridad, se da cuenta de que está rodeado de 25 o 30 niños que lo miran con más curiosidad que miedo.

 

La estampa es realmente desconcertante. Acaban de ver caer del cielo una especie de iglú de metal sujeto a un paracaídas del que ha salido un tipo de traje gris, con el rostro ensangrentado, aturdido y desorientado.

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-Parece borracho-

Dahr, el más valiente de los niños, se acerca a él y le toca con un palo. Cuando el presidente se queja, todos se alejan un poco y murmuran sin perderle de vista.

Su primera impresión es que se trata de un ser indefenso, puesto que en ningún momento hace ademán de atacar o gesto amenazante.

Hakim, el hermano pequeño de Jaharitz, se suelta de los brazos de su hermana y se cuela en iglú metálico del que salió el señor de traje gris. Jaharitz lo llama a voces que este ignora.

 

-Hakim, ¿Dónde vas? ¡¡Ven aquí ahora mismo!!.-

Es curioso el sentido de la responsabilidad que desarrollan los niños que se crían en situaciones adversas. A veces se les pone mirada de adulto, aunque tengan una muñeca descabezada y sucia entre las manos.

El pequeño entra en la cápsula y a los pocos segundos sale de ella corriendo, con una bolsa de comida. El presidente lo ve e intenta agarrarlo, pero Dahr levanta su palo y este se para al instante, como un perrín atemorizado y dócil, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos.

Alza la vista sobre las cabezas de los niños y ve detrás ellos un campamento inmenso. Se lleva las manos a la cabeza al ser consciente  de su situación. Ha caído al lado de un campo de refugiados iraquí.

-La madre que me parió. ¿Dónde coño estoy?. Espero que esta puta “batidora” envíe señales con mi localización y no tarden en venir a buscarme-.

La mirada del presidente es una mezcla de pánico e incertidumbre. Nunca se había enfrentado solo a una situación de este tipo, en la que él es el único responsable del resultado, no tiene a quien mirar para que responda por él o que le sirva en bandeja tres respuestas entre las que elegir.

Está  bloqueado y solo se le ocurre entrar de nuevo en la batidora, cerrar la puerta y acurrucarse en el suelo con la mirada perdida.

Dentro de la cápsula hay agua y alimentos para sobrevivir tres días.

 

 

Todos los niños centran su mirada en la bolsa de comida que Hakim abrazada a su pecho como si fuera un peluche. El niño se refugia en los brazos de su hermana y mira al resto con el valor y la firmeza que da el hambre. Ni por lo más remoto se le ocurriría abrir la bolsa delante del resto.

Durante un momento todos se olvidan de la batidora gigante que cayó del cielo y del tipo que está dentro, hasta que Amhak, el más vivo de todos, un niño pecoso de ojos grandes, que lleva las gafas con un cristal roto, coge una piedra del suelo, se queda mirando la cápsula pensativo y todos los demás leen en su mirada: De donde salió esa bolsa, habrá más.

 

Cada niño busca a su alrededor una piedra. El presidente, sentado en el suelo, trata de pensar, pero está bloqueado. Tiene las piernas encogidas entre el pecho y  sus brazos, con la mirada fija en la luz roja que palpita al mismo ritmo que sus vaivenes pendulares.

 

¡¡Brrrrrrrroooommm..!!!!!! Un redoble de treinta piedras golpeando el exterior de su iglú de metal y le provocan un grito de pánico amplificado por la sonoridad del interior de la cápsula. Por un instante se avergüenza de sí mismo y mira absurdamente a su alrededor, como para asegurarse de que nadie le ha oído.

¡¡Brrrrrroooommmm…!!!!! El redoble de piedras continúa como una tormenta psicológica que va haciendo mella en el presidente.

¡¡Brrrrrroooommmm…!!!!! Ya no da grititos, pero su ritmo de penduleo, ahora, duplica al de la luz roja, las gotas de sudor se mezclan con la sangre en su frente y caen sobre la camisa.

¡¡Brrrrrroooommmm…!!!!! La tensión aumenta a cada redoble, hasta que la sensación de ahogo, miedo, taquicardias y angustia superan la capacidad de razonar del presidente y contra toda lógica,  abre la puerta de su iglú y sale gritando.

La mano de una anciana tocando su frente le despierta. Abre los ojos y la mujer, de nuevo, en un idioma, para él incompresible, da una orden a su nieta Jaharitz, señalando al puchero que hay sobre el fuego.

Por un momento piensa que acaba de despertar de una pesadilla, pero no tarda en comprender. Está en una tienda del campo de refugiados.

-Señor, debe comer- El presidente escucha esas tres palabras como quien oye a un Ángel.  Aquella anciana de pelo sucio, desdentada, que tiene más barba que él y que aparenta  un millón de años, dice tres palabras en su idioma que provocan en el presidente una sensación de alivio balsámico que no recuerda haber sentido nunca.

La verdad es que ni siquiera tiene hambre, pero por satisfacer a aquella vieja  se comería huevos podridos. Esas tres palabras significan hospitalidad y por un momento olvida donde está, quien es y el miedo.

-       Señora ¿Habla usted mi idioma?-

-       Un poco, mi marido, mercader. Años 50 viajar mucho. Tome sopa-.

-       ¿Quién es usted?¿Qué me ha pasado? ¿Cómo he llegado aquí?-

-       Mi nombre es Nuhr. Niños cuentan. Usté salir de tienda de metal a la vez que treinta piedras golpean. Fuerte golpe en cabeza. 16 horas dormido.-

-       Muchas gracias Señora- El presidente agarra el puchero de agua sucia que la anciana le ofrece y se lo va bebiendo a sorbos mientras toma conciencia de su situación.

Una hoguera trisca a la puerta de la de la tienda de campaña a modo de cocina, huele a humo, algunos niños asoman la cabeza curiosos y se ríen por lo bajines.

Tocotocotocotocotocotocotocotocotocotocotocotocotocotocotoco…

Un zumbido lejano se aproxima al campo, los niños que había a la puerta de la tienda salen corriendo, pero Nurh  no se alerta. Es habitual que se acerquen helicópteros de ayuda humanitaria.

Jaharitz mira al presidente en silencio, para ella es un señor vendado al que su abuela cuida como ha hecho muchas veces con otros hombres heridos.  Este busca algo con lo que mostrar agradecimiento, se palpa los bolsillos y solo encuentra el puro que le dio Norma ¿o era Norah?, despega con cuidado la vitola y se la coloca a la niña en su vestido morado a la vez que le guiña un ojo.

 

La abuela mira el logo de la vitola y pregunta:  -¿AIR FORCE ONE?-

El presidente sonríe y responde mirándole a la cara: Es la marca de la casa  Nuhr.

 

TOCOTOCOTOCOTOCOTOCOTOCOTOCOTOCO…

El sonido es cada vez más cercano, extrañamente cercano, los helicópteros no suelen acercarse tanto al campamento, porque volarían las tiendas de campaña. Nurh manda a Jaharitz salir a ver qué pasa.

 

El presidente adivina lo que está pasando y les dice a ambas que salgan al descampado, pero es demasiado tarde, el sonido de los helicópteros tapa su voz y comienza a provocar unas corrientes de aire que vuelan las tiendas. Se oyen disparos y lamentos, y él entiende que cuanto antes lo encuentren, antes pasará todo, así que sale corriendo hacia los soldados.

Nuhr no entiende nada y se dirije a él:

-       Donde va señor, no debe esforzarse-

-       No se preocupe Nuhr- Pero al girar la cabeza hacia ella ve que la culata de un rifle de asalto golpea su cara y cae al suelo mientras su nieta llora mirándole, sin entender nada.

Dos soldados lo agarran mientras otros dos les escoltan hasta el helicóptero. Al ascender, el presidente no deja de mirar a la niña y lamenta, en ese momento, con una rabia contenida que le ahoga, todas las veces de su vida que ha utilizado la expresión: Daño colateral.