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miércoles, 2 de septiembre de 2009

SunFreewer


Era un tipo observador, curioso e inquieto.

El techo de su casa se le quedaba pequeño... y el de su ciudad... y el de su país... .

Su pelo rubio revuelto, como un "Principito", su mirada viva e inmensa y una tímida sonrisa de patas de gallo sin enseñar los dientes, componían su aspecto, mezcla de desamparo y coraje al que daban ganas de abrazar.

Se crió en los Campos de Castilla.

Aquellas llanuras inmensas de trigo y cielo contrastaban con el diminuto horizonte de su propia vida. Sus raices le anclaban a un ciclo giratorio cuya falta de movimiento le ahogaba.

Le conocí una mañana serena y luminosa de Septiembre.






Me le quedé mirando como hacemos los niños, con curiosidad y un cachín de descaro. Él fijó su mirada en mí, giró el cuello y arrugó los ojos para enfocarme mejor, ese gesto de "busqueda" me hizo sentirme invitado, así que cogí mi triciclo y lo aparqué a su lado.

Al principio solo nos miramos sin decir nada, con esos pequeños gestos de "reconocimiento del terreno" que tenemos los niños, nos tocamos la cara, intercambiamos caramelos, hicimos equilibrismo sobre una raya pintada en el suelo, él me enseñó a silbar chulito con las manos en los bolsillos, yo le enseñé a ponerse bizco y representamos un pequeño duelo de muecas que terminó en una carcajada improvisada que nos recordó a los dos que teníamos voz, que podíamos hablar... y nos animó a hacerlo.

Empezamos a hablar atropelladamente, uno pisaba al otro, como si nos lo quisiéramos contar todo en ese mismo instante, con la necesidad de posar nuestra vida ante los ojos de quien miraba curioso y absorbía con gran interés lo que estaba escuchando.


Ese pisarnos desencadenó una nueva carcajada, miradas cómplices y de repente...

Un silencio...

Silencio que dió paso a esas grandes preguntas que nos hacemos los niños, esas cuestiones vitales sin cuyas respuestas no se conoce realmente a una persona:

-¿Por qué llevas el pelo así?- Pregunté yo.

- Soy pequeño, eso me hizo crecer a la sombra de quienes me rodeaban, y me permitió observar desde abajo a mi gente. Mi tamaño, que en principio parecía una desventaja, me permitió darme cuenta de que mi gente se estaba cegando por el sol y que desde bien pronto ya no sabían hacer otra cosa que girar en busca de una luz que no podrían ver jamás.
Así que yo decidí proteger mi mirada.

Ninguno de mis compañeros entendió jamás mi afán por evitar los riegos, cómo trataba de absorber del agua con su cara, resistiéndome con todas mis fuerzas a echar raíces y crecer hacia la ceguera. Esto acentuó mis diferencias con el resto y no tardé en sentirme un extranjero entre mi pueblo, así que aquí me tienes.

-Oye "Sun", por aquí no pasa nadie ¿Y si nos vamos caminando?

-¡¡Coño Niño, soy un girasol!! ¿Tu sabes lo que me ha costado llegar hasta esta cuneta?.

Niño... ¿Y tú qué haces aquí, en medio de esta nada con un triciclo?

- Mmmmm... Yo venía buscándote.

Y juntos desenterramos sus raíces y comenzamos a pedalear hacia el norte.
Él sentado en la cestíta de mi triciclo como E.T., yo practicando mi recién estrenado silbido.


(El viaje hasta el norte es otra historia que está por vivirse).

lunes, 24 de agosto de 2009

Cachalote Rojo







Como un pequeño cachalote rojo, jugaba con la mar salvaje.

Se revolcaba entre aquel abismo de agua, espuma y viento con la misma seguridad con la que una cría se lanza a los brazos de su madre.

La mar la envolvía una y otra vez en un juego en el que dos naturalezas iguales se mezclaban. 


La mar revuelta lamía a su cría, y le hacía carantoñas que espantarían a los más fieros domadores de olas.







Y yo no podía dejar de mirarles... de admirarles. 

Nunca ví a dos bestias compenetrarse así ... ni a la mar abrazar de esa manera... 

Y el cachalote rojo, como un pequeño dios acuático daba volteretas inocentes sabiéndose protegido y orgulloso de su mar.


Como todos los dioses, este cachalote rojo debía comenzar a conocer sus poderes. 
Ese día aprendió a andar sobre las aguas.
Nota: Gracias Annelies por jugar con el agua como en mis mejores sueños infantiles.

jueves, 20 de agosto de 2009

Pas in the City: Nana de luz y Mr SunShine (I)

Esta pequeña historia habla de conclusiones superficiales, sobre cómo la gente encasilla su entorno con mirada de autoprotección y no dedica tiempo a los detalles, a buscar las sorpresas que pueden encontrar si observan con detenimiento y sin prejuicios:

Hace días que realizo el mismo ritual mañanero. Mi despertador suena a las 07:15h, no tengo ninguna obligación, pero me gusta madrugar, hay mucho jugo que sacarle a la vida y mientras duermo no creo recuerdos. Pongo una emisora de jazz en la radio y la llevo conmigo hasta el baño, mientras espero a que la cafetera me silbe con su aliento jamaicano, me desperezo con poquito agua, como los gatos, y me afeito.

La pequeña ventana de mi cuarto de baño da a un patio interior rodeado por los 4 edificios del vecindario.

Esta semana ya me hirvió el café tres veces por quedarme observándola desde esta pequeña lucera, con los codos apoyados en el marco, sujetando mi cabeza.



La miro desde lo alto, como lo haría el sol. Cuando llega, aún no ha amanecido, pero camina bajo las farolas que cuelgan de los soportales, y estas se empujan y discuten entre sí por darle su luz. Algunas noches despejadas se sienta en el banco que hay bajo la farola del centro del patio y durante unos minutos pasea su mirada por la luna.





Aún en la oscuridad, esa mirada es como una "nana de luz" y yo la contemplo desde mi rincón furtivo con la pasta de afeitar sobre la cara, imaginando que escuchamos la misma música, ella siempre lleva su Ipod conectado. Hoy suena "Dixie kidnaps Vera".
Con una sonrisa bobalicona, las mangas del pijama impregnadas de after save y la cabeza reposada sobre mis manos, mi mirada vaga entre su cara y la luna hasta que un fuerte olor a café quemado me vuelve a la realidad. Salgo corriendo hacia la cocina, apago el gas y cuando vuelvo a mi lucera furtiva la chica ya no está.

Escaneo con mi mirada el vecindario y cuando ya la daba por perdida, veo que entra en casa de Mr SunShine.

Mr Sunshine es un tipo tranquilo, grande como un armario ropero y reservado. Calla más de lo que habla y antes de responder a una pregunta siempre observa unos segundos a su interlocutor... ...

(Continuará)

domingo, 16 de agosto de 2009

Capitán

El viejo Capitán recorría el mismo camino cada mañana, con sus zapatillas de cuadros roídas y su pijama de franela, el rostro acelerado y su pipa humeando angustias.


El paseo acababa en una torpe carrerilla furtiva con la que cruzaba un jardín abandonado.

- A ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy... .

No dejaba de repetir esa frase hasta que entraba en una cabina de barco oxidada y se agarraba a su timón.

Jugaba con sus dedos entre los cuadros de mando y agudizaba la mirada hacia el horizonte como si desde su timón pilotara la travesía de la tierra alrededor del sol.

Esa responsabilidad le tenía absorvido y ojeroso, se olvidó de sí mismo y sentía sobre sus espaldas el peso de cada catástrofe ocurrida en cualquier parte del planeta.

Vivía en el psiquiátrico de Pontevedra, pero no era un interno conflictivo y su rutina estaba controlada, así que le dejaban salir durante el día. Las autoridades de la ciudad estaban advertidas.



El Capitán formaba parte de la fauna de la ciudad, un personaje querido por sus habitantes y curioseado por los turistas, aunque él vivía totalmente ajeno a ese vayvén de miradas.

Hoy le he pedido permiso para sentarme a su lado, él me ha mirado un segundo y me ha dicho exactamente dónde me podía sentar, como si el jardín estuviera minado. Con mucho cuidado y respeto me he posado donde él me ha dicho, y le he observado en silencio.

Por un rato el Capitán se ha olvidado de mí hasta que un gato se ha colado en el jardín llamando su atención. Yo he acariciado al gato bssbssbbss y al oírme ha recordado que yo estaba ahí, mi gesto hacia el gato me ha hecho merecedor de sus primeras palabras:

-Hasta el núcleo. Este timón baja hasta el mismo núcleo de la tierra. No voy a perder mucho tiempo en intentar convencerte, pero desde aquí dirijo el rumbo de la tierra, su destino.

-Claro, eso me explica sus ojeras. Tanta responsabilidad para un solo hombre... .

-Él me vuelve a mirar para calibrar si le estoy vacilando o si hablo en serio y al ver que le mantengo la mirada, se relaja.

Pasé el día con el Capitán, un día de silencios y densas palabras, un día de miradas.
Comimos juntos sin soltar el timón, observamos a la gente que pasaba frente al jardín y aprendí a leer la ciudad entera desde un pequeño tramo de acera, él tenía un ojo a mi lado y el otro en los espejos retrovisores del planeta... al final del día, sin saber nuestros nombres, le acompañé hasta el psiquiátrico.

A la entrada una enfermera le recibió con cariño, nos dimos la mano y se despidió de mí con la mirada, aspirando nervioso su pipa y dejándome el olor dulzón de su humo de angustias en el recuerdo.

La enfermera se acercó a mí:

-¿Es usted pariente del Capitán?

-No, soy uno de sus protegidos. ¿Qué sabe usted de él?

- Pues mire, casi nadie sabe mucho del capitán. Yo soy nueva aquí, él lleva toda la vida, pero el otro día estuve mirando su expediente y ví algo curioso, son muy pocas las ocasiones en su vida en las que este viejo no ha realizado su recorrido rutinario hasta la cabina del barco.

Apunté algunas fechas de las pocas veces que ha faltado a su cita:







En el verano del 14 se enamoró y faltó una semana.

















En el otoño del 29 tuvo problemas económicos y se ausentó unos días para vender unas tierras de la familia.




















A finales del verano del 39 tuvo fiebres altísimas y estuvo delirando en la cama 4 días. De aquella convalecencia salió especialmente afectado y no volvió a separarse de su pipa y de sus ojeras.

viernes, 14 de agosto de 2009

Mi amigo Juan.

Este es mi amigo Juan.
Juan es un tipo callado y observador, al que casi no le caben los ojos en la cara de cómo lo mira todo.

Va a su bola y le gusta andar descalzo. Se mea los pies y le da igual, su padre sospecha que eso tiene alguna influencia en las distintas tonalidades de verde del jardín y su césped Dálmata.

A veces parece que, cuando mira así, está cogiendo carrerilla. Yo observo como poco a poco le va cambiando la cara hasta que casi se le ponen hoyuelos en los mofletes, se acerca a mí y con un hilillo de voz de pito suelta la carretada de reflexiones infantiles que tenía guardadas.

Un amigo me explicó una vez que a la mar hay que ir cuando quiera la mar, no cuando quieras tu... pues Juan es como la mar, cuando el quiere se te acerca se sienta sobre ti y te cuenta.

Entre marea y marea yo le observo y a veces le robo un poco de luz... Ahí tenéis un cacho.

jueves, 13 de agosto de 2009

Buen despertar.






- ¿Te hace un Café?.

- ¿De qué?.

- De vida.

- Claro.

- ¿Cuanta vida te pongo?.

- Toda.

Viaje a ... ...

Esa mañana se despertaron inquietos. Se sentían poderosos y se estiraron en la cama hasta rayar el sol con la punta de los dedos de sus pies. Se miraron, arrugaron la nariz y se hicieron pequeños... muy pequeños. Amaban el mundo y menguaron para que se hiciera gigante ante ellos... Era suyo, pero no lo querían terminar jamás.

Tomaron un dedal de ColaCao frío que les dejó un bigotillo de espuma dulce sobre la sonrisa, dando saltitos fueron hasta la habitación de los juegos, la que estaba llena de dibujos de "El Principito" e hicieron una maleta, cogieron su barca y lo echaron todo sobre un destartalado coche rojo.

No habían dicho nada en toda la mañana... se miraban, sonreían y daban saltitos porque los dos veían lo mismo. No les hacía falta hablar.

-Oh Oh!!Las ruedas del coche no giran. Estas fueron las primeras palabras de la mañana, pronunciadas por el niño.

- No pasa nada, respondió la niña con seguridad. Sube anda. Yo conduzco. Dió un golpe con la mano al salpicadero del coche y comenzó a sonar "Friday i'm in love".
-Este coche no posa las ruedas en el suelo, tonto, no hace falta que giren. Aceleró y comenzaron a recorrer el mundo.



Dormían al aire libre, siempre llegaban de noche a los sitios y descubrían dónde habían aparcado al despertarse, a menudo cuando algún grillo dejaba de cantar.

Les encantaba la sorpresa de abrir los ojos y no saber qué se iban a encontrar. Prados, rios, playas, campos de girasoles, un huerto con 13 almendros, la plaza de un pueblo en mitad de un mercadillo, los restos de un festival de música... ...





No necesitaban permisos de ningún tipo, aparcaban su menguada materia en cualquier lugar y desde su pequeña dimensión palpaban el mundo con la mayor intensidad que jamás habían imaginado.

Campaban a sus anchas y se colaban entre las líneas torcidas del pentagrama de la vida, como dos virtuosos del caos armónico que hubieran decidido andar su camino con los dedos de Monk, el aire de Bird, los labios de Armstrong o la mirada de Billie.

Recorrían cada comarca en su barca, de afluente en afluente, acariciando con su piel los rincones más fértiles, preñados de luz y vida, de arte y tiempo.





El mundo era suyo, pero habían sido capaces de menguar para poder vivirlo palmo a palmo.

... La luz de aquel verano les acompañó el resto de sus días con la certeza absoluta de que no había nada más claro y nítido que lo que les venía por delante... nada mejor enfocado.



domingo, 9 de agosto de 2009

Por Turnos



Papá, cuando la araña termine me columpio yo ¿Vale?

jueves, 6 de agosto de 2009

EMMA y la Galerna.






EMMA siempre se preguntaba el por qué de cada cosa. Era una barca curiosa y no se conformaba con las explicaciones teóricas que recibía, ella lo tenía que vivir en primera persona.

Había sido diseñada y concebida para flotar y eso la llevaba por el mundo arrastrando su panza con una sombra que lastraba su luz.

Si, es cierto, había recorrido todos los puertos del Norte, y eso para una barca de su tamaño era una autentica osadía, pero no le valía.

Emma sentía que el mar era mucho más grande por dentro que por fuera y que para conocer el mar realmente tendría que ser capad de sumergirse en él. Por más que se esforzaba, era incapad, hacerlo iba en contra de todas las teorías con las que había sido diseñada... la física iba en su contra y ella maldecía a Arquímedes y todos sus principios por "atarla" a la superficie del medio más profundo de la tierra.

El resto de barcas no entendía su angustia y ella les explicaba: -¿Acaso podéis sentir las propiedades de un barniz tocando solo el bote que lo porta?-.
Ella sabía que el mar era mucho más que lo que le habían enseñado, un mero medio para navegar y llegar de un puerto a otro. Ella sabía que era mucho más de lo que se veía desde la superficie... y no se conformaba. No se dejaba convencer por la inercia cultural y lógica que le decía que su lugar estaba flotando, que había sido creada y pensada para flotar. Emma siempre contesta lo mismo, con sorna y un poso de tristeza. -Si hubieran empezado a crearme por el cerebro habrían hecho de mí submarino-.


Aquel fue un verano de fuertes tormentas. Las barcas vivían atemorizadas, pero EMMA veía en cada golpe de mar un potencial que le hacía brillar de emoción.

Una tarde oyó hablar a los marineros de Galerna y se le pusieron serias las tablas. No era miedo, era esa concentración intensa que se pone cuando ves acercarse a la oportunidad de tu vida y quieres estar seguro de hacerla tuya.

Cuando los hombres amarraban sus barcos en el puerto para evitar perderlos por el temporal, ella se escabullía y trataba de pasar desapercibida. Los hombres corrían con sus chubasqueros amarillos de un lado a otro del puerto con prisas y calados hasta los huesos, no fue difícil evitar que la amarrasen.

El resto de barcas la miraban y no entendían el brillo de felicidad que salía entre cada una de las tablas de las que se componía Emma.

La Galerna no tardó en llegar. Todas las casas del puerto estaban cerradas a cal y canto, hasta la tasca, que no había cerrado jamás. En el puerto no había ni un alma y todas las barcas cerraban los ojos con miedo. Sentían cómo el viento, con sus embestidas racheadas, las golpeaba contra el puerto y entre sí, poco a poco veían que sus panzas se llenaban de lluvia y de vez en cuando abrían un ojo para ver qué había sido de Emma, pero en medio de aquel caos de furia climática no tardaron en despistarla.

La mañana siguiente amaneció con una calma luminosa y fresca, como un regalo de compensación que el cielo ofrecía a la vida del puerto. Los hombres salían silbando de sus casas. Paco el de la tasca, observaba por encima de sus gafas bifocales y con la boca abierta al coro de silbidos acompañado por la percusión de las labores de reparación de los barcos, martillo, sierra, lija y el sonido mecedor de las amarras.

Paco no era un tipo especialmente sensible pero en su recorrido visual por los desastres que la galerna había provocado, no pudo evitar fijarse en una barca que destacaba sobre todas las demás, la única que brillaba.

Estaba irreconocible, cubierta de restos del fondo marino. El agua había creado vida verde entre sus tablas como si hubieran pasado años, su pintura había desaparecido casi por completo y se cubría de algas, algunas tablas estaban desvencijadas y rotas e incluso tenía unos peces nadando en su panza tranquilamente, como si ese fuera su medio natural.

Emma había conseguido mucho más de lo que podía imaginar. En todos los puertos del norte hoy se cuenta su leyenda, porque aquella noche da galerna, no solo había sido capaz de sumergirse en el mar ... ... se había fundido con él.

Pd: Gracias a quien supo llenar de luz a la imagen de EMMA.

sábado, 11 de julio de 2009

Coño!!! El palpel!!!

Antes de leer nada, ved este vídeo de la película "Amanece que no es poco":




Cada vez que entro en mi baño recién empapelado... después de salir del ataque epiléptico que me da (como a los niños chinos que veían esos dibujos animados cuyo título nunca supe), caido en el suelo, con la pierna izquierda convulsionando y un reguero de babas recorriendo algunas juntas de las baldosas, lo primero que sale de mi boca cuando me vuelve la voz es: 


Coño!! El papel!!


Supongo que yo tampoco me acostumbraré ... el médico me ha recomendado mear en casa de la vecina.

martes, 7 de julio de 2009

Pliegues de luz



A veces paso demasiado tiempo bajo el agua escuchando y observando a mis pensamientos en su bucear sereno y grave.




Y como nos pasó siempre a los niños, se me acaban arrugando los dedos del alma... hasta que rozo con mi piel sus pliegues de luz...






MusicPlaylist
MySpace Music Playlist at MixPod.com

viernes, 3 de julio de 2009

... ... ... ... ... ...


La vida es como un cuento que hay que saber escribir... con puntos suspensivos... ...dejar que sus personajes vayan por libre... ...escribir nuestra parte, la de nuestro personaje... ... escribir muy bien ese cacho del cuento y dejar/atraer/provocar/ que se cuelen en el relato otros personajes...



...Personajes que escribirán su propia parte del relato... saber disfrutarlo... ... reconocer en sus puntos suspensivos los nuestros, como un puñado de canicas que se mezclan en el bolsillo gigante del peto de algún niño. Canicas de colores que poco a poco se van ubicando en ese pequeño cuento-mundo creando distintas "franjas-tonalidades" de vida.

Quiero llenar los puntos suspensivos que tiene el horizonte  y sentir, como un "pequeño dios del caos armónico", que el mundo es mío. Aprender el poder de soplarlos, hacerlos volar, respirarlos o pincharlos como burbujas de jabón con olor a colonia de niño que mojan mi cara de gotitas de vida y distorsionan la realidad del mundo, rompiendo todos los patrones cuanto nuestra mirada atraviesa sus bóvedas acuosas de manos de la luz.

sábado, 20 de junio de 2009

Aroma-Mantita

Saboreo el primer café de esta mañana de sábado.

Se me cuela en la boca y en la nariz como una "mantita" de sentidos.

Su aroma de vida mañanera recorre la casa en nombre de mis recuerdos y arropa mis deseos. Silva a mi mirada y se la lleva a su lado, iluminada por toda la luz que entra desde la ventana de la cocina

Me compré una taza solo para esos momentos y hoy pensé que siempre viviré en casas en las que haya algo que tomar en esa taza.

... Suena un rock-blues sencillo de esos que se te cuelan en la mirada del alma como una foto granulada de recuerdos y que nos acompaña el resto del día ... o de la vida "Hasta el final"





viernes, 19 de junio de 2009

Hotel Camino

jueves, 21 de mayo de 2009

Bestia parda.



Bailar entre la gente, la luz, el aire, 

palpando, oliento, escuchando, mirando, 
lamiéndole el alma a la vida...

... haciendo de los cinco sentidos uno solo... 

... el sentido de vivir.


(No es mío el mundo porque lo tenga, sino porque lo quiero)

domingo, 17 de mayo de 2009

Marcas de Vida 2: Under The Bridge

El primer surco de esta pequeño inventario de "marcas de vida" comenzó en el plato de mi tocadiscos hace ahora 18 años. 

Blood Sugar Sex Magik, un LP de los Red Hot Chili Peppers comenzaba a sonar en mi equipo de música. Aún recuerdo el sonido de la aguja al posarse sobre el LP y ese momento de silencio en el que giraba el disco antes de tropezar con el primer corte. 




Añoro la sensación tantas veces repetida de concentración nerviosa ante lo que iba a escuchar. Yo tenía 17 años y mis oidos estaban deseosos de absorver sonidos, sensaciones, sentimientos sonoros, era una época de constantes descubrimientos y cada disco era una aventura.
 
Por aquella época comprarme un LP podía significar pasarme sin un duro en el bolsillo el resto de la semana y hoy, que eso lo tengo más fácil, he perdido parte del valor que aquel sacrificio le daba a mis inversiones musicales. 

Veo al adolescente tímido e inseguro que yo era, sentado a lo indio sobre su cama, justo entre los dos altavoces, mirando muy serio al tocadiscos como quien mira las acciones en bolsa para saber en qué ha invertido todo su capital. Fueron muchas más las alegrías que las decepciones, este disco comenzó a girar en mi vida una tarde del invierno de 1991 y aún no ha parado.
 
Corte a corte me fue llegando una marea de fusiones sonoras que ampliaban mi horizonte, funky, rap, rock duro pilotadas por una sección rítmica a cargo de dos locos geniales Flea y Chad y envueltas de forma magistral por la voz de Anthony Kiedis y la guitarra de John Frusciante.

De todas las canciones que escuché aquella tarde, hubo una que se convirtió en una especie de nana vital para mí, Under The Bridge. Todas las veces de mi vida que he tropezado con esa canción he dejado de hacer lo que fuera que me ocupase en ese momento, para dedicarme a pasear por el anochecer de una ciudad que yo imaginaba con viento sur y charcos que reflejaban un cielo de neón, farolas y ventanas encendidas con unas gotas de lluvia chispeando la vida... :

La canción dice así:

A VECES ME SIENTO
COMO SI NO TUVIESE COMPAÑÍA
A VECES ME SIENTO
COMO SI MI ÚNICO AMIGO
FUESE LA CIUDAD EN LA QUE VIVO
LA CIUDAD DEL ÁNGEL
SOLITARIO COMO SOY

JUNTOS LLORAMOS

CONDUZCO POR SUS CALLES
PORQUE ELLA ES MI COMPAÑERA
CAMINO POR SUS COLINAS
PORQUE ELLA SABE QUIEN SOY
ELLA VE MIS BUENAS ACCIONES
Y ME BESA CON EL VIENTO

NUNCA ME PREOCUPO
AHORA ESO ES MENTIRA

NO QUIERO SENTIRME NUNCA
COMO LO HICE AQUEL DÍA
LLÉVAME AL LUGAR QUE AMO
LLÉVAME HASTA ALLÍ

ES DIFÍCIL CREER
QUE NO HAY NADIE AHÍ FUERA
ES DIFÍCIL CREER
QUE ESTOY TOTALMENTE SOLO

AL MENOS TENGO SU AMOR
LA CIUDAD ME AMA
SOLITARIO COMO SOY
JUNTOS LLORAMOS

NO QUIERO SENTIRME NUNCA
COMO LO HICE AQUEL DÍA
LLÉVAME AL LUGAR QUE AMO
LLÉVAME HASTA ALLÍ

BAJO EL PUENTE DEL CENTRO
ES DONDE SANGRÉ UN POCO
BAJO EL PUENTE DEL CENTRO
NO PUEDO TENER LO SUFICIENTE
BAJO EL PUENTE DEL CENTRO
OLVIDÉ MI AMOR
BAJO EL PUENTE CENTRO
ENTREGUÉ MI VIDA


Los surcos del LP eran la primera marca de vida de este capítulo, las huellas que esta canción ha dejado en mis sentimientos son la segunda, pero nos queda la marca que convierte todo lo que he explicado hasta ahora en algo físico, la MARCA DE VIDA que queda en mis dedos después de una tarde de sábado aprendiendo a tocar Under The Bridge.

Dejo aquí los enlaces a tres de las joyas de ese LP:



Under The Bridge: Por las marcas de mis dedos.

sábado, 2 de mayo de 2009

Pas in the City. (I. Comenzando a mirar)


26 de Diciembre del 2008


El edificio en el que vivo tiene una corrala interior formada por 5 alturas de largos corredores sobre los que se reparten las entradas a cada vivienda. Está situado a las afueras de Londres, en uno de esos barrios obreros sembrados de construcciones creadas por arquitectos sin vocación. Visto desde Google earth, estos barrios son como el muro de contención de la nave espacial en las pelis de ciencia ficción, una serie de círculos concéntricos por los que, si avanzamos, vemos cambiar la calidad, la belleza y el precio de casi todo.

Llegué a esta ciudad a comienzos de octubre. Soy del norte de España y trabajaba allí en una de las muchas empresas que no han sobrevivido a la crisis. Cuando cerraron la empresa, apenas quedaba nada para indemnizaciones por despido, así que me quedó una pequeña paga de desempleo, una cámara de fotos cojonuda que me compré con los cuatro duros que me dieron como indemnización y una sonrisilla de liberación que se me puso cuando me ví en el aparcamiento de mi empresa el mismo día del despido, como a los 18 años, sin pasta, con tiempo y con ganas de ponerme a prueba por el mundo. Se me había olvidado ese hormigueo de vida que recorre la espalda y la mirada cuando sientes que el único límite es tu imaginación.

El primer recorrido en metro me sirvió para aprender que el concepto "autóctono", en esta ciudad, es un mosaico de razas, culturas y colores. Babelinos procedentes de cualquier parte del mundo, algunos incluso del mismo Londres, componen el flujo sanguíneo de la ciudad. Arrastrados por esas extrañas venas, que aquí llaman UNDERGROUND, esparcen bajo la piel de asfalto sus vidas, su aliento, sus ideas... en el metro todo el mundo parece estar pensando, como cogiendo carrerilla para lo que les espera fuera.

Yo me coloco furtivo en una esquina del vagón o del anden, observo sus caras, sus ritmos, me fijo en pequeños detalles como sus uñas, el calzado que llevan, si escuchan música, sus pautas a la hora de buscar un sitio para sentarse... . Siempre me hago una pequeña idea abstracta y simple, compuesta de sensaciones, sobre cómo es su vida, muchas veces les pongo profesión, familia, o les imagino en escenas cotidianas, abrazando a sus hijos, haciendo pis, riendo al ver una peli de los Hermanos Marx, follando... no sé, son escenas que yo no elijo, que se cuelan en mi imaginación casi sin avisar al ritmo del tracatrá tracatrá del metro, que transporta veloz miles de vidas, pensamientos, sensaciones... y sobre todo mucho silencio.






viernes, 27 de marzo de 2009

El romance de "Pitbull Loco" y Abedul.





Era una tarde sin prisas de sábado, de esas en las que escuchamos subir y bajar la marea. Había pescadores a lo largo del paseo y los tres (Candelucha, Elena y yo) los íbamos recorriendo uno a uno, como si fueran estaciones de Semana Santa, desde el fuerte de Napoleón que está en una punta del paseo hasta llegar al parque de los columpios que más o menos está a la mitad.

La brisa luminosa y fresca del norte nos despejaba el sopor de la sobremesa. Una vez en el parque, yo me senté en un banco de madera mientras Candelucha jugaba con Elena en los columpios.

Aquella tarde fue la primera vez que me fijé en "Pitbull Loco". Estaba sentado al lado de su silencioso compañero Abedul, le miraba con curiosidad y cariño, lanzándole algún tiento provocativo de vez en cuando.




Haciendo orejas sordas al "rum um" moralista y tradicional que le rodeaba, Pitbull Loco se escapaba cada tarde hasta el parque del muelle y allí veía pasar la vida al lado de Abedul. Juntos formaban ya parte del paisaje, como la escultura de Cortazar y las amarras de los barcos.

De vez en cuando se veía cómo "Pitbull Loco" perdía su mirada pensativa en la mar... -Cualquier forma de amor es válida-, le decía a su Abedul, mientras recordaba las palabras de sus amigotes de correrías, que si bien les resultaba graciosa su tendencia vegetofílica , nunca le perdonaron la homosexualidad. -Coño Pitbull Loco!!! Que te líes con un vegetal lo podemos pasar por alto, pero tío, podías haber elegido una Acacia en lugar de un Abedul!!-

Y Pitbull Loco abrazaba a su Abedul que, cada vez que escuchaba estos comentarios perdía un puñado de hojas y con toda la dulzura de la que es capaz un Pitbull, le susurraba al oído:
 -Abedul, no hace falta que el mundo me entienda,  nadie sabe escuchar como tu...-


sábado, 7 de marzo de 2009

Una de pucheros.

En 1984 yo tenía 10 años, cursaba 4º de EGB y mi hermano comenzaba ese mismo año a ir a la escuela en parvulitos. Para mí era una novedad tenerle allí, me ilusionaba la idea de protegerle, y no sólo eso, sino además involucrar a mi grupo de amigos en esa misión, como si en lugar de a la escuela fuéramos al frente. 

Una mañana en el recreo junto con mis compañeros de clase, me encaminaba desde la escuela grande (la de los mayores) al campo de futbito, para eso teníamos que pasar por el parque de arena que había en un lateral del patio, donde jugaban los "niños". Los que ya íbamos al colegio grande habíamos dejado de ser niños, éramos una cosa indeterminada entre la infancia y la adolescencia, ya teníamos 10 años, y dos dígitos eran muchos dígitos.

Allí estaba mi hermano con un pequeño grupo de "novatos"  que aún no se desenvolvía bien en estas trincheras y que miraban a su alrededor con la esperanza aún en la mirada de ver por los alrededores a su madre.

Mi hermano no vio a su madre, él me vio a mí, y en un gesto que ahora interpreto como un intento desesperado de tomar posesión de aquel entorno hostil, se me acercó corriendo a la vez que miraba hacia atrás asegurándose de que sus compañeros le veían. 

Cuando llegó a mi lado me soltó una patada riéndose y alternando su mirada entre la mía y su pequeño grupo de novatos. 

No supe entender su objetivo y lo aparté de mí serio, él me miró de nuevo y otra vez se acercó pateando mi espinilla. Coño, yo no tenía nada que demostrar, pero fuí incapaz de entender por qué mi hermano hacía eso, así que sin más le solté un collejón que se quedó plantao en el sitio. En principio serio mirándome, a los pocos segundos, su rostro se fue haciendo pucheros, con una mezcla de incomprensión y frustración que a mí se me clavó en la memoria hasta hoy. 

Allí solo, entre su hermano, lo único familiar que había en aquel patio inmenso, y los mini-amigos a los que había intentado impresionar.

Tardé pocos segundos en entenderlo, mirando sus pucheros.

Aquel recuerdo vuelve a menudo a mi memoria y desde que Candelucha se sumó a mi vida, más aún, porque hace exactamente los mismos pucheros que mi hermano, con la barbilla temblorosa, los ojos borrosos y los bracitos preparados para que alguien les abrace. 

Cada vez que viene ese momento a mi presente, sea cual sea, me lamento de no haber sabido dejar ganar a mi hermano aquel día, regalarle un pequeño triunfo de iniciación en un mundo que para mí era rutinario y para él extraño e inseguro. Aquella pequeña torpeza (que probablemente mi hermano ni siquiera recuerde) me ha acompañado siempre y me enseñó que muchas veces cunde más regalar una victoria que el propio triunfo que esta nos ofrece.

A veces nos ocurren pequeñas cosas que se nos agarran a la memoria, acompañándonos el resto de nuestra vida y volviendo a cada presente como un eco en  forma de limitaciones, condicionamientos, consejos, apoyos, traumas, sonrisas, conductas, reacciones ...o como en el caso de la historia que acabo de contar, en forma de enseñanza.

Nota: Al niño de la foto, que si pasa por aquí quizás nos cuente si se acuerde de aquel día.






domingo, 1 de marzo de 2009

Lamentaciones de un Huewi


En un pequeño planeta imaginario...

A la deriva  sobre los mares blancos de mi cocina...

    Mas perdido que huevo sobre kiwi...        
                                                         
  ... Navego.