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sábado, 2 de mayo de 2009

Pas in the City. (I. Comenzando a mirar)


26 de Diciembre del 2008


El edificio en el que vivo tiene una corrala interior formada por 5 alturas de largos corredores sobre los que se reparten las entradas a cada vivienda. Está situado a las afueras de Londres, en uno de esos barrios obreros sembrados de construcciones creadas por arquitectos sin vocación. Visto desde Google earth, estos barrios son como el muro de contención de la nave espacial en las pelis de ciencia ficción, una serie de círculos concéntricos por los que, si avanzamos, vemos cambiar la calidad, la belleza y el precio de casi todo.

Llegué a esta ciudad a comienzos de octubre. Soy del norte de España y trabajaba allí en una de las muchas empresas que no han sobrevivido a la crisis. Cuando cerraron la empresa, apenas quedaba nada para indemnizaciones por despido, así que me quedó una pequeña paga de desempleo, una cámara de fotos cojonuda que me compré con los cuatro duros que me dieron como indemnización y una sonrisilla de liberación que se me puso cuando me ví en el aparcamiento de mi empresa el mismo día del despido, como a los 18 años, sin pasta, con tiempo y con ganas de ponerme a prueba por el mundo. Se me había olvidado ese hormigueo de vida que recorre la espalda y la mirada cuando sientes que el único límite es tu imaginación.

El primer recorrido en metro me sirvió para aprender que el concepto "autóctono", en esta ciudad, es un mosaico de razas, culturas y colores. Babelinos procedentes de cualquier parte del mundo, algunos incluso del mismo Londres, componen el flujo sanguíneo de la ciudad. Arrastrados por esas extrañas venas, que aquí llaman UNDERGROUND, esparcen bajo la piel de asfalto sus vidas, su aliento, sus ideas... en el metro todo el mundo parece estar pensando, como cogiendo carrerilla para lo que les espera fuera.

Yo me coloco furtivo en una esquina del vagón o del anden, observo sus caras, sus ritmos, me fijo en pequeños detalles como sus uñas, el calzado que llevan, si escuchan música, sus pautas a la hora de buscar un sitio para sentarse... . Siempre me hago una pequeña idea abstracta y simple, compuesta de sensaciones, sobre cómo es su vida, muchas veces les pongo profesión, familia, o les imagino en escenas cotidianas, abrazando a sus hijos, haciendo pis, riendo al ver una peli de los Hermanos Marx, follando... no sé, son escenas que yo no elijo, que se cuelan en mi imaginación casi sin avisar al ritmo del tracatrá tracatrá del metro, que transporta veloz miles de vidas, pensamientos, sensaciones... y sobre todo mucho silencio.






3 comentarios:

Ludovico dijo...

el metro es el transporte supremo. estilo, diversión, misterio.

Hache dijo...

Me gusta inventar historias y vidas a los personajes anónimos que se cruzan conmigo.

Espero la continuación. Porque sé que habrá más.

:-)

marina dijo...

imaginación y vagón van de la mano.....
me gusta la historia...!
:-)

un abrazo...!