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viernes 27 de noviembre de 2009

Oración.


No pienses todo el rato... a veces solo siente.

Deja la cama deshecha.

Come con apetito.

Respira con calma, saboreando cada viento de la caja de Pandora.

Suspira con patas de gallo.

Pinta con las manos.

Palpa con los ojos cerrados.

Huele despacio... muuy despacio.

Bebe siempre con un poquito de sed, o un poquito de calor, o un poquito de frío.

Deja que tu valle amanezca siempre así:


Crea sin límite. Palpita al ritmo de tu A R T E.

Pon tu piel del revés, como me ponía yo los jerseys cuando era pequeño, y saca tus adentros a pasear entre la luz.

Déjale tus riendas a la lluvia que trae el viento sur.

No te disipes demasiado, conserva siempre la intensidad de una trufa preñada de nuez.

Que fluyan tus deseos hasta el océano y sean responsables de cada pleamar.

Observa con curiosidad y descaro, desenfocando el mundo e intensificando la nitidez del brillo de tu mirada.


Que no te importe nunca tener cosas raras en la cabeza


y


que nada sacie



tu hambre de Vivir.





miércoles 11 de noviembre de 2009

Me sentía solo.


¿Por qué tardaste tanto en encontrarme?

domingo 8 de noviembre de 2009

Ott San y yo.



Ott-San y yo aprendemos cada día cosas la una del otro.

Ella sabe que siempre caliento los dedos con "Under the Bridge", sabe que la cuido porque cambié mis pulseras de mano para no arañar jamás su hermoso acabado y me deja acariciarla con un trapo de algodón al final de cada día a pesar de sus cosquillas, porque en el fondo, aunque va de dura, le mola brillar para mí.

Yo sé lo que le divierte que la enchufe al Wah-Wah y balancear su sonido al compás que marcan los gestos de mi cara. También sé cuanto le gusta crujir su voz con la distorsión cuando los dos entramos en calor (muy a pesar de los vecinos) y guiñarle un ojo a los RAMONES o a NIRVANA mientras los dos arrugamos la nariz y acabamos de rodillas en el suelo ante los ojos pasmados de Candelucha.

También conoce mi debilidad por las escalas de Blues y todo aquello que aprendo y me permite improvisar, crear sobre la marcha y ser mi más yo sonoro.




Ott San es la primera en sentir cuando descubro algún sonido nuevo, porque siempre lo quiero tocar con ella, siempre fusionamos nuestra manera de entender lo que oímos y todo lo que sale por el ampli es un híbrido que lleva nuestra marca personal, esa que solo nosotros entendemos.

El otro día fui a un concierto.
Siempre que veo algo que admiro me entran unas ganas infantiles de ser héroe.
Aún no le he hablado a Ott San de ese concierto, pero lo haré, porque me entraron ganas de ser un genio entre sus cuerdas y me llevará toda la vida explicárselo.

lunes 2 de noviembre de 2009

El mundo... ¡¡¡Menudo acorde!!!








-Coge una nota... do re mi fa sol la o ... la que tu quieras. Píntala de naranja y ponla en mis manos.

¿Ya?





- Si, toma esta, es
Nota FA:










----------------------------------------------

Nota FA está pensativa. Parece una nota prudente y observadora, a la que no le gusta invadir.

- Hola Nota Fa, estás seria ¿Te pasa algo?

Da la impresión de estar planteándose si merece la pena explicarme lo que le pasa o no. Me mira tratando de valorar si seré capaz de entenderle, pero al mismo tiempo se la ve deseosa de encontrar un rincón donde desparramar sus adentros.
Durante unos segundos se esconde tras un silencio de su pentagrama, asomándose tímida al rato bajo el Sol y acercándose poco a poco, para llegar a mi lado como por casualidad.

Yo no digo nada, le hago saber bienvenida con una mirada y espero.

- Pensaba en lo afortunada que soy.-

La nota habla de manera intermitente, avanza entre "micro-esperas" que buscan mi intervención. Yo cayo de voz, pero mi mirada habla y ella se comienza a sentir cómoda.
Cuando alguien que habla poco, decide hablar conmigo, me siento afortunado y nada es merecedor de interrumpir dicha entrega.

- Desde que tengo conciencia de mi misma comparto litera con esta Nota MI. Yo arriba y ella abajo.
Al principio tuvimos nuestras diferencias, yo pensaba que ella ni siquiera una nota entera, porque solo recorría un semitono para llegar hasta mí, de manera que, para convertirse en MI sostenido, siempre usurpaba mi personalidad. Ahora ya no sabemos vivir la una sin la otra y a estas alturas ya no sé si ella se hace yo para convertirse en sostenido o yo me hago ella para hacerme bemol. El caso es que, con el tiempo, hemos llegado a sentir que cada una se puede extender a lo largo de un tono y medio y no, un tono por un lado mas un semitono por el otro.

Fíjate si nos hemos hecho importantes que somos las únicas notas que han sabido crearse dos huecos en el pentagrama, y siempre bajo el sol. Estamos al principio y al final de las 5 líneas que rigen el eje de nuestra vida.

Además, soy la nota mejor iluminada de las escala, siempre bajo el tejado de luz del que se sostiene Nota Sol, que no se asoma al mundo sin darme a mí sus primeros rayos.

- Todo esto que me cuentas me parece maravilloso Nota Fa. Entonces, ¿Me puedes decir qué te tiene callada?

- A veces necesito concentrarme para ser consciente de todas estas cosas, porque abarcan mucho más allá de mi campo de visión y a menudo se desbordan por todo mi perímetro vital.
Me puse seria porque busco la manera de ampliar mi perímetro y resulta que no lo encuentro, llevo días andándome y no veo el fín. Me puse seria porque me di cuenta de que me llevará toda la vida encontrarlo, me puse seria porque me intimidó mi potencial, me puse seria porque hoy me levanté siendo solo Nota Fa y ahora siento que el mundo es mío.

- Nota Fa, ¿Si te canto dejarás de estar tan seria?

Nota Fa, sin decir nada más, extendió una sonrísa sincopada(*) sobre el resto de notas del mundo, sin invadir, pero dando cuerpo al sonido de la vida y a mi mirada brillante con patas de gallo.

--------------------------------------------------------------

- Niño, no se te puede dejar solo, te entrego una Nota Fa y me devuelves un dilema existencial.

-Vale... Ahora abstráete... haz un zoom de alejamiento y mira el mundo desde la luna... ¿lo ves? ¿Sientes el silencio tan denso que absorbe incluso tu propia respiración? ¿Notas esa brisa de viento sur otoñal acariciando tu piel? Juega con el zoom, acercate y asoma tu morro a la parte del mundo que quieras... juega y juega hasta qeu te hagas una idea mental de lo que abarca, de lo que cabe dentro.

Mengüé hacia adentro para ser capad de valorar la inmensidad de Nota Fa. Ahora quiero que tu crezcas hasta la luna y observes.

- UUuuauuu, niño... El mundo ... ¡¡¡Menudo acorde!!!

-¿Ves el potencial? Si una nota pintada de naranja, puede darse cuenta de su inmensidad desde un pentagrama, imagina lo que podemos hacer tu y yo con el mundo... lo ves??


Notas:

· Las notas que acaban en "i" como Nota MI, abarcan solo un semitono hasta la siguiente nota, por tanto un MI no puede hacerse sostenido sin sonar como un FA. La nota MI es como una nota incompleta que cede su mitad al servicio de la mejor causa, la redondez armónica de la escala.
·(*)En música, síncopa es el efecto producido por la prolongación del sonido de una nota ubicada en la parte débil o semifuerte de un compás sobre otra de igual o mayor intensidad.

domingo 1 de noviembre de 2009

Realidad privilegiada.







-Chicos, todos a escuchar que os voy a contar un cuento.

El salón de mi casa se llena de niños. Roque y yo miramos a nuestro alrededor y nos miramos a nosotros mismos encogiendo los hombros.



















-Adrián!!! No se pega!!! Siéntate a pensar en esa silla.

Aitana, muy bien, manda callar a los niños, que en este gallinero no me concentro.

Papá deja de restregarte por el suelo.





















Candelucha, pequeñina, Roque y yo esperamos seguir formando la parte real de este público imaginario el resto de tu vida.

Pocos seres tuvieron el privilegio de compartir un espectáculo con tan ilustre aforo.

No dejes nunca de soñar y no dejes nunca de hacernos la parte tangible de tus sueños... Te escucharemos siempre con la boca abierta... incluso cuando aprendas a leer.

martes 27 de octubre de 2009

Mis lágrimas.





Mareas de emociones que desbordan los ríos.




Deltas de miradas encharcadas.




Pequeños caudales ópticos que descolocan el mundo desde mi pecho, mostrándome un mosaico distorsionado de colores a través de uno de los pedazos de océano que la marea desbordó hasta mis ojos...



...caleidospico delta de emociones.








(Quienes construyen los deltas... quienes fertilizan su alma con las emociones desbordadas ... quienes no se ahogan con la crecida de los ríos... son mis maestros)


Nota: Gracias a la oscuridad del cine que esconde mis lágrimas cuando alguna escena me emociona, porque es el único lugar donde me desahogo sin rascarme la nuca buscando un rincón donde ocultarme... gracias también el viento del norte en enero, que me ofrece la disculpa del frío o a los catarros de finales de otoño... el día menos pensado dejo de ser un chico duro, pero de momento os sigo necesitando.





martes 20 de octubre de 2009

20 años no es nada??







Ver a un niño feliz me relaja.

Esa mirada que lanza el brillo hacia afuera y que aspira la emoción en un grito contenido que se nos enraiza pecho abajo.


Ese momento en que el niño pierde el contacto con el suelo y todos los sentidos están al servicio de su alegría. Ni tiempo, ni hambre, ni frío, ni deberes...











Cuando recuerdas el momento en que sus padres te dijeron qeu estaban embarazados.

Cuando recuerdas la primera vez que le viste envuelto en mantitas y berrando a pleno pulmón.

Cuando sonríes al recordar cómo tropezaba su lengua de trapo con las palabras pero su rostro expresaba solemnidad.







Cuando miras cómo alguien está empujando y protegiendo esa risa y si es necesario, hasta se pone desenfocado detrás del niño para darle profundidad de campo.

Cuando sabes lo que es empujar esa felicidad y lo que se siente al tener el poder de provocarla.

Cuando la persona que la provoca lleva más tiempo en tu vida que fuera de ella y recuerdas cuando aún le tiraba los tejos a su chica (la madre de la criatura).


Cuando ocurre todo eso y tienes la oportunidad de robarle ese momento al tiempo en forma de luz, sientes dos cosas:

1º Alegría por haber conservado este patrimonio de vida tantos años y haber estado en los momentos más importantes y también en parte de los más divertidos.

2º Te quedas pensativo rascándote la nuca y te preguntas ¿Me estaré haciendo viejo?

Coño, tengo 35 años pero conozco a la persona que empuja ese columpio desde hace más de 20.

sábado 17 de octubre de 2009

Capitán

El viejo Capitán recorría el mismo camino cada mañana, con sus zapatillas de cuadros roídas y su pijama de franela, el rostro acelerado y su pipa humeando angustias.


El paseo acababa en una torpe carrerilla furtiva con la que cruzaba un jardín abandonado.

- A ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy... .

No dejaba de repetir esa frase hasta que entraba en una cabina de barco oxidada y se agarraba a su timón.

Jugaba con sus dedos entre los cuadros de mando y agudizaba la mirada hacia el horizonte como si desde su timón pilotara la travesía de la tierra alrededor del sol.

Esa responsabilidad le tenía absorvido y ojeroso, se olvidó de sí mismo y sentía sobre sus espaldas el peso de cada catástrofe ocurrida en cualquier parte del planeta.

Vivía en el psiquiátrico de Pontevedra, pero no era un interno conflictivo y su rutina estaba controlada, así que le dejaban salir durante el día. Las autoridades de la ciudad estaban advertidas.



El Capitán formaba parte de la fauna de la ciudad, un personaje querido por sus habitantes y curioseado por los turistas, aunque él vivía totalmente ajeno a ese vayvén de miradas.

Hoy le he pedido permiso para sentarme a su lado, él me ha mirado un segundo y me ha indicado exactamente dónde me podía sentar, como si el jardín estuviera minado. Con mucho cuidado y respeto me he posado donde él me ha señalado, y le he observado en silencio.

Por un rato el Capitán se ha olvidado de mí, hasta que un gato se ha colado en el jardín llamando su atención. Yo he acariciado al gato bssbssbbss y al oírme ha recordado que yo estaba ahí, el gesto hacia el gato me ha hecho merecedor de sus primeras palabras:

-Hasta el núcleo. Este timón baja hasta el mismo núcleo de la tierra. No voy a perder mucho tiempo en intentar convencerte, pero desde aquí dirijo el rumbo del mundo, su destino.

-Claro, eso me explica sus ojeras. Tanta responsabilidad para un solo hombre... .

Él me vuelve a mirar para calibrar si le estoy vacilando o si hablo en serio y al ver que le mantengo la mirada, se relaja.

Pasé el día con el Capitán, un día de silencios y densas palabras, un día de miradas.
Comimos juntos sin soltar el timón, observamos a la gente que pasaba frente al jardín y aprendí a leer la ciudad entera desde un pequeño tramo de acera, él tenía un ojo a mi lado y el otro en los espejos retrovisores del planeta... al final del día, sin saber nuestros nombres, le acompañé hasta el psiquiátrico.

A la entrada una enfermera le recibió con cariño, nos dimos la mano y se despidió de mí con la mirada, aspirando nervioso su pipa y dejándome el olor dulzón de su humo de angustias en el recuerdo.

La enfermera se acercó a mí:

-¿Es usted pariente del Capitán?

-No, soy uno de sus protegidos. ¿Qué sabe usted de él?

- Pues mire, casi nadie sabe mucho del capitán. Yo soy nueva aquí, él lleva toda la vida, pero el otro día estuve leyendo su expediente y ví algo curioso, son muy pocas las ocasiones en su vida en las que este viejo no ha realizado su recorrido rutinario hasta la cabina del barco.

Apunté algunas fechas de las pocas veces que ha faltado a su cita:







En el verano del 14 se enamoró y faltó una semana.











En el otoño del 29 tuvo problemas económicos y se ausentó unos días para vender unas tierras de la familia.
















A finales del verano del 39 tuvo fiebres altísimas y estuvo delirando en la cama 4 días. De aquella convalecencia salió especialmente afectado y no volvió a separarse de su pipa, ni de sus ojeras.

viernes 16 de octubre de 2009

Peticiones de Vida.


A menudo tropiezo con viejos objetos que tienen el poder de trasladarme en el tiempo. Pierden mi mirada, por un rato, en un camino de recuerdos, normalmente hasta que alguien se me acerca y me dice:
-¡¡Sh, Sh... ey Santi!! ¿dónde andas perdido?.



Una fábrica abandonada, un piano desdentado, olores a pegamento, madera caliente, escuela, hierba recién segada... ... o un viejo balón solitario.

Siempre que viajo sobre uno de esos recuerdos, en algún momento, cierro los ojos trantando de hacer inventario de sensaciones y esa es la estación más intensa de mi pequeña peregrinación en el tiempo.

Hace unos días pensaba en el valor de los recuerdos y lo veía como pasear por un museo mirando cuadros que ya están pintados, es una experiencia gratificante visual e incluso emocionalmente, pero son cuadros terminados a los que solo podemos mirar, copiar o tratar de aprender, pero sobre los que ya no podemos influir de ninguna manera.

Ese día bu
scaba la forma de expresar qué es lo más "chulo" que le puedes pedir a una persona y, envuelto en estos pensamientos llegué a la conclusión de que lo más intenso y hermoso que alguien me puede pedir es:


Colorea mi memoria



La memoria solo se puede colorear desde el presente, cuando el lienzo está en blanco.


jueves 24 de septiembre de 2009

Escaner Cerebral

El Doctor cogió el papel con solemnidad, como se hacen las cosas cuando no sabes si tendrás que anunciar algo grave a la persona que te mira desde el otro lado de la mesa.


Lo había sacado segundos antes de la impresora anexa al escaner, posándolo en su escritorio sin mirarlo. Sin decir nada, abrió un cajón y sacó de él sus gafas.

Yo estaba nervioso, expectante, lo miraba todo el rato, buscando en su mirada la información que quizás no me darían sus palabras, pero de vez en cuando alargaba la vista hasta el ventanal que había tras él tratando de liberar la tensión que se masticaba entre nuestros rostros.

Carraspeó y me miró.
-Buenos días Santiago- Dijo mi nombre para ganarse mi confianza, como pretenden hacer los empleados de banca en esa pauta de protocolo que, si no se mide bien, puede llegar a ser absurda. Pero en este caso, el captar esa intención de cercanía en el Doctor me relajó, yo me sentía en sus manos, en ese momento era la persona con más poder sobre la tierra, la información que saliera de su boca marcaría en gran medida mi futuro, así que dejé caer los hombros, torcí el cuello hasta que me triscó y le respondí, agudizando la mirada para leer su nombre en la placa identificativa que colgaba de su bata blanca.

-Buen día (Diossss... ya no me atrevo a pluralizar, vete a saber el tiempo que me queda) Jaime. Aquí me tienes

Mientras yo le saludaba, el doctor observaba la impresión del escáner como si hubiera visto a Ratzinger dando botes en medio de una Rave.

La miró a través, por encima y por debajo de sus bifocales, la pegó a la ventana para que la luz le ayudará a verlo mejor... ... Silencio, miradas de desconcierto.

-Hijo mío, en 35 años de estudio nunca había visto algo parecido. Si no hubiera hecho yo mismo este escáner, pensaría que se trata de una broma.

Al decir esto me entregó mi escáner cerebral y se encogió de hombros mirándome desconcertado:


Mi cerebro se compone de tiempo y agua, de la curiosidad con la que algunos hombres han buscado, desde los orígenes, la forma de colarse en el medio y hacerlo suyo sin invadirlo, de aprovechar las fuerzas de la naturaleza y unirse a ellas... con el agua, con la luz, con el viento... con la piel, con las emociones.

Mi cerebro es como un pequeño molino de agua y vida que, con un sencillo mecanismo, trata de moler los más complejos ingredientes.

sábado 19 de septiembre de 2009

El mundo en sus manos.


No hizo falta el brazo más fuerte del mundo, ni un apoyo macroeconómico.

Tampoco necesitó armamento nuclear, ni alta tecnología.

No tuvo que buscar un pacto de naciones, ni regalar un Jet privado a cada presidente del G20. Tampoco manipular voluntades, ni gestionar grandes recursos.




Para tener el mundo en sus manos solo tuvo que saberse parte de él.





jueves 10 de septiembre de 2009

Gandula.

Compañeros de viaje.


Me gusta ponerle nombre a las cosas que me ayudan a expresarme.

Mi Cámara de fotos se llama Goya, mi Guitarra eléctrica se llama Ott-San, mi ordenador se llama Mac.

Poco a poco, cada una de estas cosas se va adaptando a la forma de mis manos o mi cara, van descubriéndome sus secretos, van formando parte de mi vida y sus componentes materiales se convierten en instrumentos, en pequeñas prolongaciones de mis inquietudes que me ayudan a comunicarmen con el mundo.

La muchacha que está a la derecha de estas palabras se llama Gandula y hoy se ha unido a mi familia musical, algo me dice que pasaremos muchas horas juntos, solo espero ser capaz de darle tantas satisfacciones como las que ya sé que ella me dará a mí.


miércoles 9 de septiembre de 2009

De filete.

Silencios. Me gusta la gente que pasea descalza entre silencios y que por el camino observa, escucha, toca, lame y piensa.


El Martes me pasé la tarde observando a esta niña.

Se llama Vega y camina por el mundo pensando más de lo que habla.

Cuando se observa con detenimiento a alguien así, llega un momento en el que uno se pregunta:




¿Le cundirá todo esto que está procesando ahora cuando tenga mi edad?

No tengo ninguna duda de que sí.

¿Querrá a alguien o es tan independiente que nunca necesitará comunicarse ni mirar a nadie a la cara?

La respuesta a esta pregunta llegó sola cuando la oí decir las dos únicas palabras que salieron de su boca en toda la tarde:

-De filete.

Respondió a su abuela cuando esta le preguntó de qué quería el bocadillo, con una claridad que me sorprendió, porque yo aún no sabía ni cómo era su voz.







Dos palabras sencillas pero...

...¿Su mirada?

La mirada que lanzó a su abuela al pronunciarlas,
me dejó claro todo lo que Vega puede querer y todo lo que es y será capaz dar.








sábado 5 de septiembre de 2009

Reflejos de vida.





Mi barrio está en el centro del pueblo.

Un cruce de caminos que roza mi casa en varias direcciones.

Si algún día tengo que salir corriendo, seguro que en la puerta perderé unos segundos rascándome la nuca y pensando -pa' dónde tiro??.

Eso sí... Cuando hay alguna fiesta, nadie lo duda, todos los músicos deben pasar tocando por al lado de mi casa.

Y yo me asomo al balcón.














Son las fiestas de mi pueblo y los balcones de mi casa se llenan de gente.

Cuelgan banderines de colores de las casas, el cielo se nos pone de gala y músicos canallas de todo el norte toman las calles.
















Los mozos saltan al encierro y le tocan el morro a los toros, sienten su aliento bufar a sus espaldas y vuelan a ras de suelo como el correcaminos, por las mismas calles en las que luego ríen, cantan y dispersan su adrenalina.













Nunca tengo claro si, este pueblo en el que vivo, se distorsiona en las fiestas o si es el resto del año cuando modula su forma.







En cualquier caso, yo siempre lo observo con detenimiento y busco entre las líneas torcidas de lo cotidiano, esos pequeños fragmentos de intensidad en los que la gente se refleja y que en días como hoy, tiene la saturación y el contraste especialmente altos.

A veces busco la manera de colarme entre esos reflejos y de vez en cuando encuentro el camino, el clik adecuado que me permite crear y formar parte de la pincelada de luz.












Este año no se me ocurrió manera mejor de hacerlo que colándome, con mi cámara, entre los reflejos con los que un músico supo ser a la vez, sin darse cuenta, parte de la fiesta y reflejo de ella ...y pasar bajo el balcón de mi casa con su resplandeciente trombón para que yo lo pescara.















En estas fechas me gusta buscar entre la gente rostros felices, risas, baile, nervios... todo el mundo está "como en su casa" y nadie canta solo.



Son fechas de reencuentros, de gente que se abraza una vez al año y, a veces incluso, repite las conversaciones del año anterior con la ilusión intacta.

miércoles 2 de septiembre de 2009

SunFreewer


Era un tipo observador, curioso e inquieto.

El techo de su casa se le quedaba pequeño... y el de su ciudad... y el de su país... .

Su pelo rubio revuelto, como un "Principito", su mirada viva e inmensa y una tímida sonrisa de patas de gallo sin enseñar los dientes, componían su aspecto, mezcla de desamparo y coraje al que daban ganas de abrazar.

Se crió en los Campos de Castilla.

Aquellas llanuras inmensas de trigo y cielo contrastaban con el diminuto horizonte de su propia vida. Sus raices le anclaban a un ciclo giratorio cuya falta de movimiento le ahogaba.

Le conocí una mañana serena y luminosa de Septiembre.






Me le quedé mirando como hacemos los niños, con curiosidad y un cachín de descaro. Él fijó su mirada en mí, giró el cuello y arrugó los ojos para enfocarme mejor, ese gesto de "busqueda" me hizo sentirme invitado, así que cogí mi triciclo y lo aparqué a su lado.

Al principio solo nos miramos sin decir nada, con esos pequeños gestos de "reconocimiento del terreno" que tenemos los niños, nos tocamos la cara, intercambiamos caramelos, hicimos equilibrismo sobre una raya pintada en el suelo, él me enseñó a silbar chulito con las manos en los bolsillos, yo le enseñé a ponerse bizco y representamos un pequeño duelo de muecas que terminó en una carcajada improvisada que nos recordó a los dos que teníamos voz, que podíamos hablar... y nos animó a hacerlo.

Empezamos a hablar atropelladamente, uno pisaba al otro, como si nos lo quisiéramos contar todo en ese mismo instante, con la necesidad de posar nuestra vida ante los ojos de quien miraba curioso y absorbía con gran interés lo que estaba escuchando.


Ese pisarnos desencadenó una nueva carcajada, miradas cómplices y de repente...

Un silencio...

Silencio que dió paso a esas grandes preguntas que nos hacemos los niños, esas cuestiones vitales sin cuyas respuestas no se conoce realmente a una persona:

-¿Por qué llevas el pelo así?- Pregunté yo.

- Soy pequeño, eso me hizo crecer a la sombra de quienes me rodeaban, y me permitió observar desde abajo a mi gente. Mi tamaño, que en principio parecía una desventaja, me permitió darme cuenta de que mi gente se estaba cegando por el sol y que desde bien pronto ya no sabían hacer otra cosa que girar en busca de una luz que no podrían ver jamás.
Así que yo decidí proteger mi mirada.

Ninguno de mis compañeros entendió jamás mi afán por evitar los riegos, cómo trataba de absorber del agua con su cara, resistiéndome con todas mis fuerzas a echar raíces y crecer hacia la ceguera. Esto acentuó mis diferencias con el resto y no tardé en sentirme un extranjero entre mi pueblo, así que aquí me tienes.

-Oye "Sun", por aquí no pasa nadie ¿Y si nos vamos caminando?

-¡¡Coño Niño, soy un girasol!! ¿Tu sabes lo que me ha costado llegar hasta esta cuneta?.

Niño... ¿Y tú qué haces aquí, en medio de esta nada con un triciclo?

- Mmmmm... Yo venía buscándote.

Y juntos desenterramos sus raíces y comenzamos a pedalear hacia el norte.
Él sentado en la cestíta de mi triciclo como E.T., yo practicando mi recién estrenado silbido.


(El viaje hasta el norte es otra historia que está por vivirse).

lunes 24 de agosto de 2009

Cachalote Rojo







Como un pequeño cachalote rojo, jugaba con la mar salvaje.

Se revolcaba entre aquel abismo de agua, espuma y viento con la misma seguridad con la que una cría se lanza a los brazos de su madre.

La mar la envolvía una y otra vez en un juego en el que dos naturalezas iguales se mezclaban. 


La mar revuelta lamía a su cría, y le hacía carantoñas que espantarían a los más fieros domadores de olas.







Y yo no podía dejar de mirarles... de admirarles. 

Nunca ví a dos bestias compenetrarse así ... ni a la mar abrazar de esa manera... 

Y el cachalote rojo, como un pequeño dios acuático daba volteretas inocentes sabiéndose protegido y orgulloso de su mar.


Como todos los dioses, este cachalote rojo debía comenzar a conocer sus poderes. 
Ese día aprendió a andar sobre las aguas.
Nota: Gracias Annelies por jugar con el agua como en mis mejores sueños infantiles.

jueves 20 de agosto de 2009

Pas in the City: Nana de luz y Mr SunShine (I)

Esta pequeña historia habla de conclusiones superficiales, sobre cómo la gente encasilla su entorno con mirada de autoprotección y no dedica tiempo a los detalles, a buscar las sorpresas que pueden encontrar si observan con detenimiento y sin prejuicios:

Hace días que realizo el mismo ritual mañanero. Mi despertador suena a las 07:15h, no tengo ninguna obligación, pero me gusta madrugar, hay mucho jugo que sacarle a la vida y mientras duermo no creo recuerdos. Pongo una emisora de jazz en la radio y la llevo conmigo hasta el baño, mientras espero a que la cafetera me silbe con su aliento jamaicano, me desperezo con poquito agua, como los gatos, y me afeito.

La pequeña ventana de mi cuarto de baño da a un patio interior rodeado por los 4 edificios del vecindario.

Esta semana ya me hirvió el café tres veces por quedarme observándola desde esta pequeña lucera, con los codos apoyados en el marco, sujetando mi cabeza.



La miro desde lo alto, como lo haría el sol. Cuando llega, aún no ha amanecido, pero camina bajo las farolas que cuelgan de los soportales, y estas se empujan y discuten entre sí por darle su luz. Algunas noches despejadas se sienta en el banco que hay bajo la farola del centro del patio y durante unos minutos pasea su mirada por la luna.





Aún en la oscuridad, esa mirada es como una "nana de luz" y yo la contemplo desde mi rincón furtivo con la pasta de afeitar sobre la cara, imaginando que escuchamos la misma música, ella siempre lleva su Ipod conectado. Hoy suena "Dixie kidnaps Vera".
Con una sonrisa bobalicona, las mangas del pijama impregnadas de after save y la cabeza reposada sobre mis manos, mi mirada vaga entre su cara y la luna hasta que un fuerte olor a café quemado me vuelve a la realidad. Salgo corriendo hacia la cocina, apago el gas y cuando vuelvo a mi lucera furtiva la chica ya no está.

Escaneo con mi mirada el vecindario y cuando ya la daba por perdida, veo que entra en casa de Mr SunShine.

Mr Sunshine es un tipo tranquilo, grande como un armario ropero y reservado. Calla más de lo que habla y antes de responder a una pregunta siempre observa unos segundos a su interlocutor... ...

(Continuará)

domingo 16 de agosto de 2009

Capitán

El viejo Capitán recorría el mismo camino cada mañana, con sus zapatillas de cuadros roídas y su pijama de franela, el rostro acelerado y su pipa humeando angustias.


El paseo acababa en una torpe carrerilla furtiva con la que cruzaba un jardín abandonado.

- A ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy, a ver cómo giramos hoy... .

No dejaba de repetir esa frase hasta que entraba en una cabina de barco oxidada y se agarraba a su timón.

Jugaba con sus dedos entre los cuadros de mando y agudizaba la mirada hacia el horizonte como si desde su timón pilotara la travesía de la tierra alrededor del sol.

Esa responsabilidad le tenía absorvido y ojeroso, se olvidó de sí mismo y sentía sobre sus espaldas el peso de cada catástrofe ocurrida en cualquier parte del planeta.

Vivía en el psiquiátrico de Pontevedra, pero no era un interno conflictivo y su rutina estaba controlada, así que le dejaban salir durante el día. Las autoridades de la ciudad estaban advertidas.



El Capitán formaba parte de la fauna de la ciudad, un personaje querido por sus habitantes y curioseado por los turistas, aunque él vivía totalmente ajeno a ese vayvén de miradas.

Hoy le he pedido permiso para sentarme a su lado, él me ha mirado un segundo y me ha dicho exactamente dónde me podía sentar, como si el jardín estuviera minado. Con mucho cuidado y respeto me he posado donde él me ha dicho, y le he observado en silencio.

Por un rato el Capitán se ha olvidado de mí hasta que un gato se ha colado en el jardín llamando su atención. Yo he acariciado al gato bssbssbbss y al oírme ha recordado que yo estaba ahí, mi gesto hacia el gato me ha hecho merecedor de sus primeras palabras:

-Hasta el núcleo. Este timón baja hasta el mismo núcleo de la tierra. No voy a perder mucho tiempo en intentar convencerte, pero desde aquí dirijo el rumbo de la tierra, su destino.

-Claro, eso me explica sus ojeras. Tanta responsabilidad para un solo hombre... .

-Él me vuelve a mirar para calibrar si le estoy vacilando o si hablo en serio y al ver que le mantengo la mirada, se relaja.

Pasé el día con el Capitán, un día de silencios y densas palabras, un día de miradas.
Comimos juntos sin soltar el timón, observamos a la gente que pasaba frente al jardín y aprendí a leer la ciudad entera desde un pequeño tramo de acera, él tenía un ojo a mi lado y el otro en los espejos retrovisores del planeta... al final del día, sin saber nuestros nombres, le acompañé hasta el psiquiátrico.

A la entrada una enfermera le recibió con cariño, nos dimos la mano y se despidió de mí con la mirada, aspirando nervioso su pipa y dejándome el olor dulzón de su humo de angustias en el recuerdo.

La enfermera se acercó a mí:

-¿Es usted pariente del Capitán?

-No, soy uno de sus protegidos. ¿Qué sabe usted de él?

- Pues mire, casi nadie sabe mucho del capitán. Yo soy nueva aquí, él lleva toda la vida, pero el otro día estuve mirando su expediente y algo curioso, son muy pocas las ocasiones en su vida en las que este viejo no ha realizado su recorrido rutinario hasta la cabina del barco.

Apunté algunas fechas de las pocas veces que ha faltado a su cita:







En el verano del 14 se enamoró y faltó una semana.

















En el otoño del 29 tuvo problemas económicos y se ausentó unos días para vender unas tierras de la familia.




















A finales del verano del 39 tuvo fiebres altísimas y estuvo delirando en la cama 4 días. De aquella convalecencia salió especialmente afectado y no volvió a separarse de su pipa y de sus ojeras.

viernes 14 de agosto de 2009

Mi amigo Juan.

Este es mi amigo Juan.
Juan es un tipo callado y observador, al que casi no le caben los ojos en la cara de cómo lo mira todo.

Va a su bola y le gusta andar descalzo. Se mea los pies y le da igual, su padre sospecha que eso tiene alguna influencia en las distintas tonalidades de verde del jardín y su césped Dálmata.

A veces parece que, cuando mira así, está cogiendo carrerilla. Yo observo como poco a poco le va cambiando la cara hasta que casi se le ponen hoyuelos en los mofletes, se acerca a mí y con un hilillo de voz de pito suelta la carretada de reflexiones infantiles que tenía guardadas.

Un amigo me explicó una vez que a la mar hay que ir cuando quiera la mar, no cuando quieras tu... pues Juan es como la mar, cuando el quiere se te acerca se sienta sobre ti y te cuenta.

Entre marea y marea yo le observo y a veces le robo un poco de luz... Ahí tenéis un cacho.

jueves 13 de agosto de 2009

Buen despertar.






- ¿Te hace un Café?.

- ¿De qué?.

- De vida.

- Claro.

- ¿Cuanta vida te pongo?.

- Toda.