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lunes, 23 de agosto de 2010

HOTEL EUROPE (III)


HOTEL EUROPE (III), originalmente cargada por Garabato's Light Clan.

Las noches locas del HOTEL EUROPE eran una Torre de Babel del desenfreno, famosas en todos los foros clandestinos de la ciudad.

Aquel espacio se transformaba, dando cabida a la fauna más extraordinaria de las altas y bajas esferas.

La mujer barbuda del circo, que solo se afeitaba, en las noches del HOTEL EUROPE, para nosotros. La dulzura de su la mirada conseguía hacernos olvidar cómo pinchaban sus besos. Siempre llevaba sobre el hombro un pequeño mono con sombrero de copa, que no paraba de comer pipas y olía a anís.

Don Manuel, el cura del barrio, que no consentía quitarse la boina ni cuando le colocaban las bohas de plumas de las bailarinas, alrededor del alzacuellos. Era un tipo curioso que nunca tuvo claro qué era el cielo y qué el infierno, ni donde se estaría mejor.

Doña Celia, la señora del alcalde, que estaba enamorada del botones del hotel y se emborrachaba hasta perder la compostura para poder bailar con él. Solo con una botella de Jack Daniels en el pecho, era capaz de "rebajarse" socialmente y acercarse al muchacho.

Ramón el notario, Pichuca, la pescatera más sexi de Francia, que nos olía a sirena, Jacobo el boticario que nos llenaba la barra de sus experimentos alucinójenos. Los chicos de la banda del pueblo que, en esas noches abandonaban los pasodobles y nos arrastraban a todos en una avalancha sonora de puro swing, salvaje y revelde... esas noches parecían salir de la locura de la postguerra, de esos tiempos en los que al tenerlo todo perdido se vivía con la euforia de quien ya, solo puede ganar.
Los hermanos Moulin, dos gemelos idénticos que se diferenciaban solo por el color de sus pajaritas, siempre se completaban las frases el uno al otro y aunque no sabían caminar sin tenerse al lado, cada noche acababan discutiendo a puño cerrado por alguna mujer. Nunca supe si tenían celos de la chica o de sí mismos.

Valentine y yo acabábamos siempre sentados en la barra, con los pies colgados, como si estuviéramos en el muelle del puerto, mirando al espectacular acuario de vida que nos rodeaba.

De vez en cuando nos dábamos un codazo y señalábamos algo que nos llamaba la atención. Valentine sentía debilidad por José (Pepín), el director de la banda, un tipo calvo, con un pintoresco bigote pelirrojo, que perdió un dedo y tuvo que cambiar el clarinete por la batuta. La pasión con la que aquel hombre vivía la música nos hacía latir a todos a su son, estoy seguro de que si no sonara la banda, aquel tipo seguiría moviendo la batuta y nos haría llegar su música interior. Valentine apoyaba su cabeza en mi hombro y le miraba, poniéndome la camisa perdida de suspiros.

En las noches locas del EUROPE, todas las habitaciones del hotel estaban abiertas, no había llaves.

La actividad era muy variopinta y cambiante en aquellas fiestas, pero había alguien que no faltaba jamás. El dueño del Hotel contrataba siempre los servicios de Matías, el escribano que trabajaba para Don Ramón el notario.

Era un tipo delgado que caminaba encorbado por el peso de sus ojeras. Llevaba una puñeta en el brazo izquierdo y fumaba tabaco de pipa. Su misión era la de levantar acta de cada fiesta en el "Fever Night Book".

No había nada más divertido que leer a la mañana siguiente sus notas, escritas en un lenguaje formal y frío. Ese lenguaje aséptico, solmene y distante del Derecho que nadie entendemos, usado para describir el desenfreno de las noches subrealistas del Europe, se convertía en una autentica obra maestra de la ironía.

El dueño del Europe sabía generar delicias de este tipo. Combinaba con maestría los aspectos, situaciones y personajes más insospechados convirtiendo su vida era una colección de estampas subrealistas que compartió qeu algunos pocos privilegiados, entre otros, con este que les escribe.

1 comentario:

Mela dijo...

Si algún día paso por este hotel, me pediré la habitación con ventanas al mar ... me gustan tus relatos del EUROPE Niño, me gustan mucho! Sigue así! Muacc