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miércoles, 18 de agosto de 2010

Rita


Rita, originalmente cargada por Garabato's Light Clan.


Rita era el personaje más glammouroso de aquella Carpa.

Barría las gradas con su caida de ojos .

Caminaba despacio. La sensualidad de todas las dunas del desierto recorría su cuerpo en cada uno de sus pasos, una provocativa coreografía que hacía pendular su cola, como si ese movimiento fuera el metrónomo que marcara el tic-tac del mecanismo del mundo.

Aún en las épocas en las que mudaba su pelo, en cada sesión, dos o tres hombres, blandos de corazón, caían rendidos a sus pies.

Por aquella época yo trabajaba de reportero Freelance para una agencia de publicidad. A menudo, fotografiaba su espectáculo y me encargaba de hacer los carteles con los que se anunciaba el show por las calles de la ciudad.

No tardé en darme cuenta de que, el graderío estaba lleno de caras familiares, de gente que amaba a Rita a escondidas.
Yo me creía inmune a sus encantos y ella lo sabía. En el fondo sentía pena del payaso que tenía que compartir escena con ella cada día, aquel si que era un hombre enamorado. Se le podía leer el amor en cada sombra de la cara, aún sobre el maquillaje.

La última sesión a la que acudí, Rita me robó un pedazo del alma. Fue justo en el momento en que hice esta foto:

El payaso triste se giró hacia ella, era un tipo infeliz, un actor con miedo escénico. Pero aquel día, en un gesto de valentía, se puso bajo el foco principal de la pista, justo frente a la mirada de Rita. Le temblaba hasta la sombra, cerró los ojos, respiró fuerte el olor a heno del aliento de de Rita, apretó los puños y mientras una gota de sudor le cruzaba la cara, lanzó una de esas preguntas que hacen de vez en cuando los enamorados, aún a sabiendas de que la respuesta les puede partir el pecho.

- Me desprecias ¿Verdad?

Rita lo aparto de su foco sin nisiquiera mirarlo y, guiñándome un ojo a mí, le respondió:

- Si pensara en tí, te despreciaría.

En aquel momento me sentí a la vez, grande y rastrero... click... pero tuve los reflejos necesarios para robar aquel momento con mi cámara.

Han pasado algunos años, pero esa foto es lo primero que poso en la mesita de cualquier lugar en el que vaya a pasar una noche.

Y es que no quiero olvidar que mi propio orgullo puede ser una trampa mortal.

2 comentarios:

saposaraso ★ dijo...

no pudo ponerse a rita más en el centro de la escena . es fantástica .
puedo casi sentirme hipnotizada con la inminente caída de pestañas que retratas . tanto que hasta a mí me provoca besar su despreciable boca; pero a sapiencias de su narcisismo, me contentaré con un beso en la punta de su nariz .
cuánta fuerza tienen siempre sus palabras! casi me atrevo a decirle, que están coloreadas con las mismas sobras que rita ha sabido pintar a su payaso :S

tatiana dijo...

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